Algunas personas vienen para encajar. Otras venimos para desencajarnos.
Imagino la dificultad que debe suponer el procurar encajar para alguien insurrecto que se resiste a normas y formas, que no conoce límites impuestos ni reglas establecidas.
Lo contrario no tengo que imaginarlo porque sé lo que es. He experimentado la obediencia respondiendo incluso a ciertas estructuras de sumisión, para acabar necesitando salirme del molde, buscando espacios diáfanos y libres, sin limitaciones impuestas, sin barreras, sin dependencias ni abusos de poder o de autoridad. Mirando dónde colocarme sin terminar de encontrar un contenedor posible, válido del todo, porque precisamente me toca experimentarme en el vacío, desapegada de cualquier estructura o configuración, sola a la vez que parte del Todo. Fuera de cualquier caja no hay necesidad de encontrar grupo, tribu o familia alternativa. La pertenencia es un hecho. Ya soy parte de la Totalidad. Es la Libertad llevada a su expresión máxima.
Este aprendizaje está resultando complejo por momentos. Siento a menudo dos fuerzas o partes encontradas en mi interior, respondiendo a un mecanismo muy activo en mí: debatirme entre un asunto y su contrario, tener una sensación que tira de mí con fuerza hacia un ángulo que de alguna manera me resulta transgresor o lo es en mi contexto y por otro lado albergar un razonamiento que me empuja también con firmeza hacia un punto opuesto, más alineado con lo social y culturalmente ‘establecido’, lo ‘correcto’.
La fuerza de lo aprendido e inculcado y el pulso de la libertad plena.
A veces esta pulsión interna está más calmada o acallada, otras más encendida y belicosa. Depende en parte de qué asunto están explorando. Puede pasar que intuyo la salida y no me atrevo a dar el paso o que no lo veo claro en absoluto. Siempre confío en que cuando sea el momento voy a encontrar la nitidez necesaria y sabré qué hacer. Soy consciente ahora de que nunca tomo sola mis decisiones: la Vida me ayuda, me lleva, incluso decide por mí Tremendo alivio.
Sigo también instalada en esta peculiar vivencia de irrealidad, con una parte mía desidentificada de mi historia personal, serena, clara, atenta, expectante sin esperar. descansando en una conciencia de unidad que le da sentido a todo y que no se altera por nada.
En esta parte mía que va desplegándose confío mucho, aun con la extrañeza que también me despierta. Es una espectadora desapegada que atiende a los movimientos del personaje con el que juego como visionando una película. No se altera. No se involucra. Solo atiende y deja que las escenas sigan desplegándose.
Desde ese lugar privilegiado por la claridad y la visión elevada que facilita, me señala de nuevo que he vuelto a meterme en la caja. No doy crédito. Me vengo abajo por un momento.
«¿Es esto lo que quieres? ¿Es aquí donde eliges estar?» No, no es por aquí. «Pues ya sabes«.

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