Viajar cómo

Jun 28, 2026

Me he estado pronunciando el último mes respecto a mi desidentificación con ciertos aspectos de esta modernidad actual, el aparente progreso, los avances tecnológicos. La extrañeza que me genera a menudo esta faceta de la humanidad, la sensación de no pertenencia o más bien de sentirme ajena, por afuera o separada en este sentido.

Hoy traigo algo en la misma línea, que últimamente además me estaba pesando mantener oculto, a la vista solo para mí o nombrado así por encima en determinados contextos muy concretos. Porque me parece que resulta una actitud anodina y tengo la impresión de que me deja en un lugar inferior respecto a la mayoría, incomprendida y sin duda enjuiciada, venida a menos, algo que me incomoda y no me apetece sentir.

Lo que pasa es que me está dando más igual casi todo en estos tiempos. Estoy perdiendo, sin empeñarme en ello además, el temor al ridículo, a no encajar, la vergüenza y hasta ciertos miedos. Les veo el sentido, lo alerta que me mantienen cuando pretendo ejecutar a conciencia el papel que me tocó en suerte y que luego yo me he dedicado en perfeccionar. Ahora que estoy tan cansada del personaje, que le he visto la cara y el maquillaje tan bien, ya no se me hace tan necesario y puedo prescindir de muchos de sus accesorios.

Este en concreto tiene que ver con el gusto por salir, viajar, hacer planes, organizar, acudir a eventos, estar en el ajo, en el meollo, participar, figurar, disfrutar, que vivir sea intenso, excitante, sugerente, divertido, apasionante, novedoso, original… ¡Es agotador!

La verdad, me parece que el turismo y viajar como turistas es una lacerante lacra de nuestra sociedad. Nos creemos más y mejores por tomar aviones donde se nos trata como a reses, con todo mi respeto y profunda empatía con estos bellos hermanos animales que tanto maltratamos. Por subir en trenes y montarnos en coches que nos llevan a otros lugares que intentamos devorar en unos días, tomando fotos sin parar para que quede constancia de que estuvimos ahí, que lo hemos hecho, un nuevo tick que marcar en verde antes de volver a nuestra amarga rutina.

En el camino como turistas consumistas lo ensuciamos todo, dejamos una estela de basura a nuestro paso. Generamos dinero que crea nuevos empleos que mantienen falsamente una imagen de riqueza y crecimiento. Pero no existen ya apenas lugares libres de viajeros y de tiendas de souvenirs. Los ciudadanos locales se van corrompiendo al paso de la marea guiri, mirando por el dinero más incluso que por el bienestar de sus tierras y sus gentes. Los turistas por supuesto no se preocupan lo más mínimo en general por eso. Quieren llegar, ver y conquistar, como aquel ilustre romano decía. Lo demás no importa o importa muy poco.

Me molesta, me duele y no me identifico con esa manera de estar en el mundo. No me siento más ni mejor que nadie. Soy consciente de que cada una obramos conforme a nuestro mapa interno. Simplemente no encajo en esta forma de funcionar y eso hace que viajar para mí se convierta en otra cosa, que busque o encuentre otras vías, que viajar hacia dentro sea también mi ruta preferida. Ahí no encuentro overbooking, abusos, masificación, contaminación ni faltas de respeto. Ahí estoy yo sola conmigo o acompañada por seres con quienes elijo compartir conscientemente y en entornos cuidados, descubriendo paisajes fascinantes de belleza monumental que permanece inalterada.

Ahora que llega nuestro verano y entramos los occidentales en modo vacaciones todo esto se me hace más figura.

El mundo es enorme. Finito pero monumental. Hay infinidad de lugares fascinantes, sea cual sea nuestro gusto y tendencia. Una vida, la nuestra, la de cualquiera de nosotras, no da para conocer todo lo que nuestro voraz deseo y nuestra insaciable curiosidad anhelan. Ni lo más extraordinario es siempre lo más exótico y lejano. La mayoría de nosotras no se ha atrevido apenas a pisar sus desiertos, lagos y bosques internos, a perderse en sus museos privados y en sus garitos prohibidos y sin embargo pierde la cabeza por plantar banderas en todos los continentes.

Somos peculiares los seres humanos, creyéndonos por encima de los seres naturales, avasallando con nuestras fantasías, deseos y planteamientos. Nuestra avidez es un pozo insondable y esto genera destrucción, no riqueza. Estamos ciegas si no podemos verlo. Almas ciegas con ojos funcionales pero vacíos.

Y tú, ¿a dónde vas de vacaciones?

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