Trascendencia II

Apr 12, 2026

¿Qué nos da miedo?

Porque lo que tememos nos condiciona y nos limita.

Libertad es perderle el miedo a eso que me lo genera.

Perderle el miedo a la carencia, a la soledad, al rechazo, a la enfermedad, a la muerte…

Perder el miedo no por desvergüenza, desprecio o por rebeldía sin causa.

Perder el miedo porque eso que me lo genera queda casi del todo fuera de mi control, y porque en última instancia, hace parte de esta existencia humana, igual que sus opuestos: la abundancia, la compañía, la aceptación, la salud, la vida… Confirmación de esta realidad dual.

Perder el miedo porque la dualidad no es lo que verdaderamente somos.

Somos consciencia y vibración, y ni una ni la otra se mueven en terreno dual, sino que ambas tocan de lleno la naturaleza real de las cosas.

Tanto el excesivo apego como el excesivo rechazo me separan de mi verdadera naturaleza, al igual que lo hace estar sujeta a los resultados.

Si consigo lo que me propongo, estoy feliz y satisfecha. Si no lo logro, me siento miserable y desgraciada. Si el viento sopla a favor, la temperatura es cálida y luce el sol, maravilla. Si por el contrario el clima arrecia, me frustro. Si me aman, me valoran y me tienen en cuenta como yo anhelo, me siento dichosa. De lo contrario, soy infeliz.

¿No es esto pura y auténtica locura? ¿No es enajenación vivir sujeta a esta oscilación constante, presa de los movimientos generados por los objetos de consciencia en los que pongo mi atención? Es lo opuesto a la libertad.

Cuando pongo mi empeño en el fin de lo que hago, buscando uno u otro objetivo, el que sea, me alejo de mi esencia y de la Esencia, de lo único que es verdadero.

La diferencia radica en hacer o no hacer, ser o no ser, querer o no querer solo respondiendo a la energía que marca la Vibración y la Consciencia que están en Todo, sin atender a apegos, deseos, necesidades o rechazos, sin pasar por el filtro de la mente pensante y analítica. Simplemente siendo, manifestando lo que la Consciencia viva nos dicta en cada momento.

Esta existencia humana no parece tener escapatoria, no hay salvación posible, dirás, porque si perseguimos objetos de consciencia estamos perdidos y si renunciamos a ellos también.

Como cualquier elemento de la naturaleza, que no se empeña en crecer o en dejar de hacerlo, en tener flores azules cuando las suyas son amarillas, en renunciar a ser de hoja perenne para probar a ser caduca, en que la lluvia la desgaste o el arroyo la pula… Simplemente es, está y se deja atravesar por cada fenómeno sin juzgarlo ni aferrarse.

Y claro, este estado de presencia y escucha interna, de apertura y entrega a lo que Es choca de lleno con lo que nos han inculcado, lo que se valora socialmente, lo que se espera de nosotras. El esfuerzo, el empeño, la perseverancia, el progreso, los logros,  la planificación, el control, la identidad, lo que’está bien’ o lo que ‘es bueno’… De vuelta de nuevo a la cruda dualidad.

Invenciones humanas. Fascinantes a ratos, otros, una auténtica condena, porque no tienen fin. Es la rueda de hámster perpetua, el samsara o maya, el mundo de la ilusión… La esclavitud.

Empecé hablando de libertad. Libre es el consciente de todo este universo que nos contiene. Libre quien accede al Despertar y toma conciencia del juego colosal del que participamos. Libre el que toca la Divinidad y se deja tocar por ella en cada inhalación y con cada gesto. Libre el que sabe que no existe separación entre lo divino y lo humano. Libre el que se sabe divino.

La Luz de la Consciencia de Dios resplandece en todo. Aunque sean tiempos convulsos, aunque haya quienes se empeñen en establecer qué es bueno y qué es malo, quién lo hace bien y quién obra mal… Dios no entiende de esas nimiedades, no le interesan, le aburren. Dios se ríe en nuestra cara de nuestras pequeñas lamentaciones y nos insta, una y otra vez, sin descanso, a manifestarnos en toda nuestra plenitud.

Hay que ser muy valiente para ser libre, para ser devotas de un Dios que por su gracia todo lo puede y que jamás pierde la fe en nosotras.

¿Quién se atreve?

2 Comments

  1. Ana Espinosa Sánchez

    Yo, vamos juntas?que maravilla, como me resuena, me aterra y me fascina que sea cierto esto.Si lo pensamos es así y da vértigo arrojarse al ser divino, a no esperar nada y a la vez a fluir, entiendo yo.A atreverse a pasar sin apegos!Ese monstruo que no consigo domar.Me pregunto si lo lograré algún día.Voy a poner empeño porque siento que cuando me libre de su poderosa carga me sentiré liviana, sedosa, más feliz y podré caminar con mayor autenticidad, más cómoda y voy a poder experimentar gratitud y de la buena, sin pedir, sin reclamar solo confiando y adaptándome al devenir y no es esto una maravilla?.Nada teme el que nada espera y a la vez se siente satisfecho y tranquilo con lo que encuentra.Pero no olvidemos que el Ego también es necesario, pero en pequeñas dosis por favor, bien sujeto y siendo consciente de cuando actúa!!

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  2. Gloria

    Eso, al ego la cuerda corta. Al Ser, vía libre, expansión plena y asistamos al maravilloso espectáculo que se revela…

    Vamos juntas, amiga, por supuesto.

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