La hermandad

Nov 9, 2021

El círculo rojo se ha roto.

La persecución ha sido tenaz durante una eternidad y ha acabado con la mayoría de sus integrantes. Quienes todavía hemos logrado zafarnos nos vemos obligados a separarnos para sobrevivir, a refugiarnos en el anonimato, ocultos y retirados o a fingir una existencia ajena para protegernos y no levantar sospechas en las nuevas comunidades que nos acogen.

Es difícil pertenecer a una institución de lazos tan fuertes y sentirnos ahora desmembrados y solos, sin estructura, sin espacio para encontrarnos. Y al mismo tiempo, la solidez del vínculo nos sostiene a todos los supervivientes de una manera invisible y certera. Desconozco de dónde viene esa potencia pero existe y sé que ampara y eleva el espíritu de mis hermanos allí dónde estén porque ése es justo el efecto que ejerce en mí. Es la fuerza de la pertenencia pulsando a través de las generaciones y de las fronteras. Es una energía tan poderosa o más que la de la sangre. Es imparable e invencible. Ha existido siempre y jamás dejará de existir.

El círculo rojo se ha roto porque otra fuerza de la misma intensidad que la nuestra ha logrado imponerse. Su objetivo es opuesto al nuestro y llevan existencias organizándose para destruirnos y hacerse con todo lo que es. Su fin es el poder. El poder en sí mismo. Un poder sin límites. Por eso no cejan en su empeño. Por eso nunca es suficiente. Acumulan más, siempre más. Su ambición y codicia son infinitas e insaciables. Siempre sedientos, continuamente hambrientos, portadores de un agujero negro dentro que los posee y los impulsa al desenfreno en una espiral sin fin.

Nuestra misión sin embargo es preservar el bien más preciado que nos ha sido concedido a todas las criaturas: nuestro derecho a vivir en libertad y por la libertad, ejerciendo un libre albedrío consciente y respetuoso, protegiendo a los más vulnerables con nuestra vida si es preciso. A los mayores porque sin ellos no seríamos nada. A los pequeños porque sin ellos no seremos nada. Unos nos otorgaron la bendición de un presente. Los otros albergan la semilla del futuro. Un futuro en el que ser libres y Uno con el Todo es la única realidad. La Verdad.

El círculo rojo está roto, sí, pero la unión prevalece, y mientras uno de nosotros siga con vida los segmentos del círculo tenderán a reencontrarse. Mientras tanto, seguiremos haciendo nuestro trabajo, sin descanso, le pese a quien le pese. Hemos aprendido a vivir perseguidos y, como ellos nos pertrechamos de recursos y estrategias a medida que avanzamos.

Es tiempo de enmendar lo destruído. Con humildad. Sin boato. Desde el compromiso y la entrega. Sin protagonismos. Cada uno haciendo nuestra parte, lo que sea que nos toca.

Averigua qué es lo tuyo y ponte manos a la obra. No hay tiempo. El tiempo es aquí y ahora.

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