Dormir es descansar. El cuerpo precisa de ese intervalo para frenar su acción y recargarse. La escasez y la privación de sueño me arrastran a un espacio de desesperación, cansancio integral e incluso de cierta locura.
A veces me desvelo y aunque no logre dormir todo lo que necesito, puedo estar conmigo descansando cuerpo y mente, tranquila.
La noche puede traer mucho miedo adherido: miedo a su oscuridad, a estar sola en ese espacio misterioso y extraño donde se suceden sonidos, visiones terroríficas, sensaciones incomprensibles, imágenes extrañas. ¿Qué mensajes me traen? ¿De dónde viene ese miedo a la oscuridad?
Aunque no encuentre respuestas siempre puedo entregarme a la respiración y al peso de mi cuerpo, relajado y denso. Así, al cabo del tiempo que sea, el sueño acaba atrapándome de nuevo.
Durante unas horas, las que sean, el reposo físico y mental que supone dormir genera un espacio de semi-vacío en el que permanezco, envuelta y sostenida por una oscuridad física y existencial.
Cada noche me regocijo ante el regalo de acostarme para acceder al descanso, para estar conmigo. Sin miedo ni tristeza por estar sola. Aunque duerma en la misma cama con alguien a quien amo sé que a mi sueño interno entro sola, que nadie puede acceder al universo onírico que el sueño crea para mí cada noche y que allí voy a encontrarme con otros seres, en un espacio de creatividad espontánea donde una parte mía más libre y sabia se entrega a explorar dificultades, apuntar soluciones, mostrar caminos, sugerir abordajes, desgranar secretos, desplegando un mundo insondable de ilimitadas posibilidades.
Pasan tantas cosas tangibles durante el día cuando en teoría ando despierta como realidades inaprensibles se suceden en mis horas de vigilia. El acceso al inconsciente, que aflora fértil y sin ataduras, revelando información fascinante sobre mí, mi entorno, el mundo entero, el universo, el cosmos… La entrada a un estado expandido de conciencia, un paraíso interno y profundo de imágenes y contenidos fascinantes que esperan pacientes su momento para conectarse conmigo y entregarme todos los tesoros que me tienen reservados.
Sueños que se suceden y se desvelan conforme a una lógica ilógica en apariencia, sueños que muestran lo que permanecía oculto, que me impulsan a mirar lo que no quiero ver, que apuntan vías, sueños inconclusos que me dejan con la miel en los labios o con el corazón en un puño, que me llevan al deleite o me arrastran al misterio… Un espacio en el que todo, absolutamente todo, es posible. Un lugar excepcional donde puedo creer, crear, aprender y por tanto, crecer.
Dormir es mucho más que descansar. Dormir es tener la valiosa oportunidad de entregarme a lo onírico en cuerpo y alma cada noche, de abrirme a un universo infinito de posibilidades en el que puedo conocerme de manera más profunda, más certera y verdadera. Dormir es soñar y soñar con consciencia trayendo lo soñado a mi cotidiano es completar mi puzzle.
Dormir. Soñar. Vivir. Descubrir. Maravillarme. Despertar. Vivir. Descubrir. Maravillarme. Dormir…
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