Brujas

Jun 21, 2026

Todavía hay quien tiene miedo de las brujas. O de las mujeres, que en lo profundo viene a ser lo mismo.

Flaco favor nos ha hecho la historia escrita por hombres cobardes, manipuladores, ignorantes y con ansias de poder. Les asustaba el nuestro por desconocido, por veraz. Les aterraba sabernos sangrantes cada ciclo sin perecer, conocedoras de los ritmos de la tierra y del cielo, capaces de engendrar vida, parir muerte y danzar en éxtasis descalzas y desnudas sin que mediase celebración, música o razón alguna. Radiantes a ratos y tenebrosas sin explicación tantos otros. Misteriosas, fascinantes, imprevisibles, indomables, odiosas.

Se empeñaron a conciencia en desprestigiarnos, ensuciar nuestras costumbres y ritos, enmarañando lo que ya era limpio y cristalino. No satisfechos con eso, estos hombres miserables y ruines quisieron someternos, ridiculizarlos y hasta asesinarnos de las formas más crueles. Qué tristeza tan enorme, no haber sido capaces de poner esa creatividad a favor de todas en lugar de en contra de unas pocas…

A pesar de tanta inquina, muchas sobrevivieron y continuaron con el ejercicio de sus prácticas, poniendo sus saberes femeninos al servicio de quien lo precisaba. Tuvieron más cuidado, se mostraron menos, pero ni desaparecieron ni las pudieron acallar. ¿Quién puede parar a la luna o al sol en sus tránsitos? ¿Quién es capaz de frenar la corriente del mar o el impulso del viento?

Las mujeres, seamos o no conscientes de ello, somos brujas por naturaleza, hechiceras, magas. Poderosas. Libres. Todas.

El ser buenas o malas, blancas o negras, luminosas o sombrías no nos define especialmente por ser mujeres o por ser brujas, puesto que la maldad y la bondad son cualidades susceptibles de habitar en cualquier alma, en cualquier persona, sea cual sea su ocupación. Hombre o mujer. Existen personas malvadas en cualquier ámbito, de cualquier profesión. Personas que trabajan por, para y desde la oscuridad, a veces incluso sin saberlo, y otras que sin embargo se posicionan en la luz clara y eso es lo que irradian, con sus humanos tropiezos incluidos, por supuesto, porque no existe persona infalible, pero sabedoras de que las mueve el deseo de hacer el bien y el anhelo de bienestar para los seres con quienes interactuan.

Cuando una se coloca en esa claridad, aun errando, el daño si lo hubiese es de una naturaleza suave. Hay espacio además para darse cuenta de ello, para ponerse honesta, para pedir disculpas y para procurar un remedio, si es viable. Hay humildad, empatía y predisposición para el encuentro, y esa actitud lo cambia todo en un vínculo.

Así que dejemos de arremeter contra las brujas, dejemos de usar esa sonora palabra como un insulto contra las mujeres y dejemos de temerlas. Mejor escuchemos lo que tienen que contar, adentrémonos en sus hogares, bosques y cabañas para atender a la terrenal sabiduría de sus remedios y sortilegios, probemos alguno y veamos cómo nos funciona, confiemos en su conocimiento y en la historia que las sostiene.

Las brujas, como las prostitutas y las sacerdotisas han existido siempre y posiblemente jamás dejen de existir. Me preguntó si otras profesiones pueden decir tanto de sí mismas.

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