Hablar de verdad

Jun 7, 2026

Las palabras tienen sentido, significado y valor. Son invenciones poderosas del ser humano y justo por eso debemos tomar conciencia de lo que su uso implica, para emplearlas con respeto y con la autoridad que merecen.

El lenguaje nos sirve ante todo para comunicarnos, para relatar eventos, para transmitir ideas y pensamientos. Pero no vale todo ni de cualquier manera porque dependiendo del uso que hagamos de él podemos nutrir y calmar o por el contrario vamos a confundir y a dañar.

Podemos manipular con el lenguaje. De hecho lo hacemos a diario, tal vez inconscientemente a veces, otras con plena conciencia.

Manipular significa distorsionar o alterar la verdad. Porque nos interesa exagerar algo, o porque queremos minimizarlo, para ocultarlo y que sea menos obvio o para que resalte más. Tomamos algo real y lo modificamos de alguna manera, de forma que se vuelve menos verdad.

Entonces nosotras también nos volvemos mentirosas en ese juego, nos falseamos, faltando a la veracidad y haciéndolo a conciencia. Puede que sea un movimiento inocuo, que el contenido que manejamos en ese momento sea intrascendente. También que se trate de material delicado, susceptible de dejar huella.

Pero sobre todo nos transformamos nosotras al hacerlo. Nos acostumbramos a ese uso tergiversado del lenguaje y en mayor o menor medida nos volvemos engañosas, fraudulentas y con cada repetición del mecanismo, éste se fija más en nuestro modo de funcionar, se vuelve habitual, lo normalizamos. Entonces ya ni nos damos cuenta de que lo estamos haciendo y nos arrogamos de toda la razón, creyéndonos las únicas en posesión de la misma. Luego nos cuesta escuchar lo diferente y nos volvemos intolerantes, rígidas y despreciativas.

Si tenemos criaturas cerca o a nuestro cargo van a aprender de nosotras, susceptibles de imitarnos, de copiar nuestros modos y formas, tomando nota de qué hay que hacer para lograr qué. Están más atentas a nosotras las adultas de lo que nos creemos y son auténticas esponjas que absorben sin tener en cuenta las consecuencias. Ese aprendizaje viene después.

Así que es fuerte la apuesta que hacemos cada vez que abrimos la boca, y la vía a seguir es bien sencilla: decir la verdad, ser fieles a lo veraz tal y como se manifiesta, sin quitarle ni ponerle nada. Expresarnos con verdad, con respeto, con corazón, con belleza. Y pararnos a contemplar las flores y los frutos de esa manera de plantarnos en la vida y en el lenguaje.

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