Bailando aquí, sentada.
Bailando sola.
Bailando hasta sin música.
Bailando incluso sin movimiento.
Porque la Vida bulle en mi interior
todo el tiempo,
aun cuando permanezco en quietud.
La danza de la Vida
está activa siempre.
No cesa.
No ceja.
Es imparable.
Inabarcable.
Se abre paso.
El aire en el ambiente,
la sangre de mi cuerpo,
los astros flotando en el vacío infinito,
la hormiga en su parcela de jardín,
la niebla descolgándose del cielo,
el agua corriendo bajo nuestros pies.
las raíces entretejidas,
los micelios gobernando el subsuelo,
los seres humanos en nuestro pequeño mundo
y Dios abrazándolo Todo.
Abarcándolo Todo.
Sonriendo enamorado a su creación.

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