50 años de vida vivida, atravesada, gozada y sufrida.
20 años de proceso de autoindagación sostenido y creado paso a paso.
3 llaves descubiertas y atesoradas que me abren puentes, canales y sendas.
Teniendo bien presente este tránsito y poniendo en valor el recorrido, estas 3 claves se vuelven imprescindibles para mí si quiero sentirme centrada, ordenada, en calma, conectada con mi Ser y generándome bienestar, sin comprometer mi autenticidad en beneficio de una ficticia aprobación externa.
La primera es el tiempo y espacio de soledad. Estar en mí conmigo. Sin nadie. En silencio. En quietud. Darme ese lugar cada día, sin excusas, sin faltar ni uno solo, porque es ahí donde puedo recuperarme (tantas son las veces que me pierdo a diario) y mirar de nuevo mi realidad con perspectiva; a menudo enraizándome de nuevo porque me volé, respirando a conciencia, porque olvidé que me va la vida en ello; practicando la auto-compasión, porque de nuevo entré en un bucle de juicio interno y descalificación; descansando, porque me doy cuenta de la profundidad de mi cansancio y la necesidad de reposo que arrastro; cuidándome, porque es la vía más viva de practicar el amor que conozco; haciendo menos y haciendo nada, y apreciando así que yo no soy lo que hago; escuchándome y escuchando, porque sin proponérmelo las respuestas que ahnelo hace tiempo y las de ayer mismo llegan sin yo esperarlo.
La segunda es escribir. Escribir las ideas que hacen acto de presencia en mi imaginario, mis sueños, mis dolores. Escribir lo que me está pasando, lo que me gustaría decirle a alguien y que no estoy pudiendo decirle, lo que me dicta la imaginación o lo que teclean mis dedos de manera automática. Escribir las revelaciones que me sobrevienen en mis trabajos, mis anhelos, los trazos de mis proyectos. Escribir cartas, a personas amadas, a mí misma, a la niña que fui y a la mujer mayor que seré algún día. Escribir me ayuda a aclararme y leerme luego termina de recolocarme en el mapa interno del que a veces me salgo quedándome perdida, vagabunda y desorientada. Escribir es una brújula. Me muestra de nuevo el camino. Es una vía de expresión familiar que me hace bien y donde encuentro consuelo, serenidad y estructura.
La tercera tiene que ver con el body, mi cuerpo. Este continente precioso y fascinante que me ha sido concedido y que obra milagros cada segundo de nuestra existencia, la suya que es la mía. La nuestra. Mi cuerpo precisa también de movimiento y no cualquier movimiento. Me pide conexión, sostén, intensidad, cuidado, escucha. Y tras estos años de exploración he encontrado 3 vías también, 3, que cubren todas las necesidades que mi cuerpo requiere: caminar, el yoga y sobre todo, la danza. Sentirme activa sin atropellarme ni dañarme; ponerme fuerte sin masacrarme ni hacerme sufrir; atender a mi flexibilidad, mi resistencia y mi dinamismo, sin prisa, sin exigencia, sin estar pendiente del espejo ni de la báscula, cerrando los ojos y mirando hacia dentro. Y cuando danzo, soltando la expectativa, dejándome libre, entregándome al impulso de mi cuerpo y a la guía de la música, confiando en la energía vital que se expresa a través de mí y me invita a experiencias de plenitud y éxtasis.
Por supuesto que estas tres prácticas tienen en común un ingrediente también imprescindible: el disfrute y el gozo que me hacen sentir y con el que me conectan, y esto es muy importante porque si no fuesen gozosas no habrían acabado siendo tesoros para mí. El gozo no entendido solo como una experiencia sensorial sino como un deleite integral de mi ser que se expande más allá de mí misma y me lleva a fundirme con el Universo, con la Vida, con Dios. Un deleite traspersonal en el que se diluyen todas las trampas de mi existencia humana, individual y dual, para sumirme en un lugar sin espacio y sin tiempo donde solo existe la consciencia indiferenciada. El paraíso en la Tierra. El paraíso dentro de mí. El paraíso más allá de mí y de la Tierra.
Esto no es un asunto baladí. En un contexto que nos invita a la sobre-estimulación, la hiperactividad y la mirada hacia afuera, estas prácticas resultan casi revolucionarias, no por ellas en sí mismas sino por los recorridos que son susceptibles de generar si estoy predispuesta, abierta, entregada, confiando.
¿Cuáles son las tuyas? ¿Qué vías de auto-realización has descubierto en tu camino? ¿Cuáles son tus Imprescindibles?

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