Me canso

Feb 20, 2020

Aunque no esté bien visto. Aunque me avergüenza reconocerlo. A pesar de pillarme el ramalazo arrogante, la vena orgullosa. Lo reconozco. Me delato.

Me canso. Me aburren las personas con sus pequeños enganches, metiditas en sus pequeños bucles, erre que erre con sus lamentaciones, un día tras otro, siempre los mismos. ¡Joder, qué sopor! ¿No se dan cuentan?

Me canso de sus quejas, de sus lágrimas de cocodrilo, de las risas impostadas, llamadas de atención todas. ¡No se dieron cuenta de que mamá y papá no están aquí ya para atenderles, criaturas! Me dan ganas de gritarles.

O de desconectarme. Me dan ganas de tirar del cable y cortar el flujo. De perderme y pasar de largo en cada cruce, porque no quiero encontrarme con nadie que me martillee el cráneo con sus incesantes lamentaciones.

Y me quedo pensando… Un momento… Respiro… Me observo…

¿De qué me quejo yo? ¿A quiénes y cuándo les taladro la paciencia? ¿Qué hago con mis patéticas pequeñeces? ¿Me doy yo cuenta de todo eso que es mío?

Y me viene a la mente aquella camiseta blanca de manga corta. Arrogancia patricia de frente, perdonando la vida, desplegando aristocrática misericordia, casi como si tocada por un don divino estuviera y generosa lo entregase a la plebe inmunda, a su altanero paso.

A la espalda, un corazón, latiendo, rojo, fuerte, haciéndolo a su manera. Menos soberbia pero soberbia también. A mi manera. Claro. No podía ser de otra forma.

Me duele sentirme enjuiciada y ser consciente de que yo también enjuicio. Es fácil ver la fealdad del otro y complejo encontrarla la mía propia, como si todo lo mío fuese hermoso. Es difícil mirarme la parte altanera y reconocerla como mía, aceptarla y preguntarle: ¿qué necesitas de mí y qué estás queriendo decirme?

No quiero decapitarte, te valoro, veo el preciado servicio que me has supuesto; cuando sales me haces sentir fuerte, me proteges, eres como un escudo que me envuelve entera. Y a la vez me separa de todo.

Quiero tu fuerza, tu seguridad, tu empuje. Quiero tu capacidad de proteger y de estar al servicio, atenta y disponible, incansable. Quiero tu dedicación y tu inteligencia. Y también quiero humildad, sencillez, silencio. Quiero descanso y calma, ser una más, dar lo que tengo cuando puedo y ser capaz de pedir, de recibir, de asumir que sola no puedo siempre, que soy pequeña y que apoyarme en el otro me nutre y me reconforta.

Me canso de mí. Y estoy aprendiendo a escucharme. Y a quererme. Y a no cansarme de eso.

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