Encontrarnos

Jul 20, 2025

Nos entusiasman las personas, decías de nosotros hace unos días, y yo asentía porque así lo siento también.

Me interesan los universos contenidos en cada criatura humana, con todos sus matices, los colores, los atisbos que se intuyen y no terminan de aflorar, los misterios.

Consciente de esa inmensidad me atiendo cada día, apasionada por mis descubrimientos y por ir desvelando recónditos y fascinantes recovecos de mi ser.

Desde ahí miro al otro, sabiéndolo una extensión de esto que reconozco como mío, viéndonos como partículas iguales y diferenciadas de una realidad total, absoluta, infinita e inconmensurable.

Y así es como me encuentro contigo. Me acerco a ti movida por un impulso que me atraviesa y me trasciende, una fuerza que sin ser arrolladora tiene recorrido propio, impulso y vibración.

La sigo porque confío en que una inteligencia superior se manifiesta a través de ella y respeto su influjo y la magia que despliega sobre mí y a tu alrededor. No puedo medirla, explicarla ni darle estructura, puesto que se revela por afuera de esos circuitos. Tiene otra naturaleza, su esencia es otra.

Percibo su luz, la belleza, la riqueza de detalles, el fuego, la intensidad, los espacios en blanco, las sombras, la vibración, el vacío…

Te veo, te miro con atención y una pulsión interna que ya habita en mí se acentúa, late con mayor fuerza, resuena y retumba entre los pliegues de mi piel, entre mis órganos y dentro de cada célula, recorriendo mis aguas y mi tierra internas.

Es un reconocerse, una profunda sensación de familiaridad, un magnetismo que habla de permanecer a tu lado, cerca de ti, dentro incluso si me das acceso. Algo en mí sabe que contigo se abre una puerta que me lleva a ti para retornar a mí, en una suerte de viaje de ida y vuelta infinito.

Te encuentro y me hallo. Revuelves mis centros y te haces huecos donde yo pensaba que ni había espacios ni podía caber nada más. Pero tú te instalas con descaro y construyes estanterías, puentes, edificios, plazas y un mirador que da al mar y desde el que podemos ver amanecer y ponerse el sol cada día, agradeciendo tanta belleza, tanta grandeza.

Te presto atención y se me revelan rutas desconocidas que siguen abriendo posibilidades. Quiero entregarme a este flujo sin perderme en él, fascinarme por la luz de tu sonrisa y la calidez de tu mirada sin consumirme, creciendo hacia adentro y dejando que sigan ablandándose y cayendo en pedazos las capas de coraza que ya no quiero.

Sucede cuando te acercas mucho, cuando cede tu blindaje y se hace un silencio cargado de sentido y de contenido. Sucede cuando me permites llegar a ti y puedo tocarte, cuando yo confío y me entrego sin reservas, cuando nos ponemos valientes y nos atrevemos.

Lo que se da entonces es una vivencia de alegría y comunión, de dicha y unidad, de ausencia de separación, de amor puro en acción, de claridad, lucidez y éxtasis.

He sido afortunada de haberla experimentado en muchas ocasiones. A veces dura un instante y otras se extiende dejando incluso un poso, un haz que se mantiene. Lo he vivido sola y en compañía de otros seres, y es en ese espacio compartido donde mi gozo se expande para encontrarse con el de los demás, haciendo de todo una única fuente.

Me pasa contigo, y puedo intuir además tras cada instante de encuentro genuino la inmensidad de todo lo que aún está por descubrir, todo lo que puede abrirse, los tesoros esperando ser encontrados, las delicias anhelando ser saboreadas, los secretos deseando desvelarse. La Vida en su totalidad feliz de desplegarse para nosotros sin límites.

Luego nos asustamos, algo se cierra o se bloquea, nos rearmamos, se nos nubla el seso y entramos en los mecanismos habituales de actividad y reacción que nos sacan del trance silencioso y profundo que por unos instantes hemos habitado.

Y está bien así. Al menos sabemos que existe ese reino, que podemos acceder, que el mapa y la brújula los llevamos incorporados. Que la puerta se abre desde dentro y que podemos ir solos o en compañía.

A mí me fascina tu universo tanto como el mío. Quiero seguir explorándolos, como sea que se me haga posible. Me entrego a ello y en el camino me voy a cuidar. Te voy a invitar y a pedir permiso. Me voy a atrever y voy a esperar, escuchando atenta, presente, en silencio, permeable a las ráfagas de informacion. Voy a estar aquí para ti y por mí, atenta a no perderme, confiando, abriéndome, dejándome ver. Valiente en mi entrega.

Me gustan las personas, sí, somos fascinantes. Unas más que otras. Tú me encantas. Quiero verte, quiero sentirte, quiero saber quién eres de verdad. Quiero admirarte por debajo de tu coraza y que se desmorone ante mí. Que quedemos ambos desnudos y vulnerables sosteniendo nuestra sensibilidad, tanta belleza, sabiéndonos cuidados y respetados por el otro.

No hay mayor vivencia de Amor ni estoy ya para sucedáneos. Quiero la Unión total, esa vivencia de Amor pleno. Quiero Verdad y a la Vida con todo lo que trae.

¿Qué quieres tú?

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