Existe una delgada línea entre quedarme plantada en el inmovilismo y movilizarme en pro de mi deseo.
Dos partes mías se ponen en juego y la mente pensante se hace cargo del escenario, orgullosa de creer que lo controla todo.
Una parte atiende a las sensaciones físicas que mi cuerpo comunica y a la necesidad que pretenden poder cubrir: si tengo frío o calor, si la música está demasiado alta, si siento la boca seca y mucha sed, si necesito ir al baño o comer algo, si me siento agotada y preciso tumbarme o por el contrario la energía interna se moviliza y me pide movimiento, expresarse, estirarse, danzar.
La otra lucha por no cambiar nada, desatendiendo cada necesidad e instalándose en la parálisis: no estoy tan mal, puedo aguantar un poco más, iré más tarde, mejor descansar ahora, puedo hasta dormirme, ya habrá otras oportunidades, para qué tanto esfuerzo y tanto movimiento, no tengo ganas ni energía para poner empeño en eso ahora…
Las dos tienen sus razones y ambas son útiles e incluso necesarias llegado el caso. Pero, ¿a cuál alimento en cada momento si siempre se muestran contrarias? ¿Cuál de ellas es la que me trae el impulso genuino en cada ocasión? Solo yo puedo responder a esto.
Veo que hasta ahora la parte que tiende a la parálisis tiene más fuerza y que seguirla genera a menudo descanso y también desenergetización. Me lleva a espacios más introspectivos y a menudo melancólicos y a generar ensoñaciones,. Está más regida por la mente pensante y sus contenidos.
La parte que me moviliza atiende a los registros del cuerpo, a la interacción con el medio y con los otros, a la relación y el contacto. Seguirla me conecta más con las sensaciones, el disfrute, la alegría, y me pone energética y más vital. A veces con la sombra del miedo a encontrar rechazo, pero se disipa en seguida al darse el encuentro.
Ahora que he visto con mayor nitidez cómo se expresan y qué generan, voy a jugar con ellas a conciencia y sobre todo voy a explorar la que tengo menos trillada, a ver qué descubro y qué regalos me trae.
Sin rechazar nada de lo que creo y que aflora, lo abrazo todo y confío que me ayuda a crecer. Y que vivir es todo esto.

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