Disolución IV

Feb 16, 2025

La luz baja, las voces se apagan, la música se eleva ocupando los espacios entre danzantes, el sonido reverbera y los cuerpos se encienden hasta volverse candentes, cada uno a su ritmo, a su estilo, respondiendo a su senda. Unidos y mezclado todo, generan una sinfonía de color y sabor dotada de inteligencia propia, una partitura invisible que conocen sin haberla entonado nunca.

Este entramado coincide por primera y única vez. Nunca volverá a darse de esta manera, con los mismos elementos en el mismo segmento espacio-temporal. Un ensemble irrepetible, y eso le confiere una peculiar belleza que se va deshojando en gratitud y alegría a medida que se extiende.

Gratitud, alegría, entusiasmo y vitalidad que emergen de las bocas, de los ojos, de las extremidades en movimiento, dibujando patrones que iluminan el escenario para desaparecer después dejando su impronta. Es así como la energía funciona y transforma lo que toca. Es el poder de la música en comunión con la naturaleza humana, una simbiosis de trascendente significado que puede vehicular el camino al éxtasis.

Percibo todo eso, siento que soy una con ello y por momentos me vivencio en absoluta libertad, con todos mis sentidos y mi ser completo entregados a la rítmica. Cuerpo, espíritu y emoción se amalgaman con fuerza y se destrenzan a su antojo para volver a abrazarse. La mente entra y sale, a veces tímida y cansada, otras orgullosa y peleona. Dice que así no le gusta, que de esa otra forma sí, mira afuera, se distrae, compara, se pierde ella y a la experiencia. Hace lo que puede, lo que sabe, y lo hace muy bien. Pero siempre vuelve, y cada vez que lo hace se suelta algo más, se queda un poco más. Entonces puede ponerse al servicio, apreciar la belleza, emular lo que le fascina, abrazarlo como es, dejar el juicio, abandonar el híper deseo. Se une al todo y la magia se hace perfecta.

Son los momentos donde experimento la mayor sensación de libertad, de armonía, de dicha y de bienestar. Me digo a mí misma que quiero habitar esa patria siempre y dejarme habitar por ella cada vez más a partir de ahora. Me declaro soberana ciudadana de esta gozosa tierra y decreto que así es como quiero y como voy a vivir a partir de ahora y durante lo que me quede de vida. Sé que sé hacerlo, que puedo hacerlo, que es posible. Sé que me perderé a veces y también que sabré cómo volver. Sé que vivir disuelta es el estado propicio para la plenitud.

Me predispongo a revivirlo cada vez, y lo hago sin expectativas, confiando en que la magia de la Vida se cruce con la del momento y con la mía propia para dejarme acceder a ese paraíso del que siempre soy parte y que siempre está disponible. Para mí, para ti, para quien quiera reconocerlo.

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