Disolución III

Jan 26, 2025

De madrugada, una vez más, mientras la mayoría duerme, algo interno me despierta. No tengo miedo ni estoy cansada. Me siento fresca y en calma. Es hora de escribir, me dice la voz. O de tirar de este hilo, agrega mostrándomelo. Toma, cógelo…

Lo sujeto entre unos dedos que son míos e intangibles, y sigo su estela, curiosa y sin expectativas. No sé a dónde me va a llevar, qué puede mostrarme, si va a desaparecer en breve o si se extenderá hasta llegar a un abismo. Abrazo este no saber donde todo cabe y digo que sí al juego.

Atreverme a jugar es entregarme al pulso de la vida sabiendo que no tengo el control, que simplemente tomo decisiones y con cada una de ellas me convierto en cocreadora de esta vibrante realidad donde todo es posible.

El hilo tira de mí y cierro los ojos para sentirlo mejor, percibiendo hacia dónde quiere guiarme, qué desea mostrarme y cuándo procede mi intervención. Enseguida nuestra interacción se convierte en una danza de acople perfecto. No somos ya un hilo y una mujer, dos formas diferentes y separadas, sino una energía única, una sola partícula de luz que encierra en sí la semilla de universos infinitos.

El encuentro es gozoso y la vivencia de unidad un prodigio de bienestar y estado de flujo donde no existen límites que separan y diferencian sino continuidad sin forma, sin importancia personal o individual, sin los ridículos y dolorosos inconvenientes del drama humano, sin perversiones ni trampas, sin trucos de efecto. Solo un fluir constante y sin esfuerzo, placentero y fértil, divertido y pleno.

Las palabras y los conceptos de nuestro fascinante lenguaje no dan para expresar la magnitud y sutileza de la experiencia. Mi cuerpo ansía captar con el movimiento la gracia y elegancia que ha podido encarnar en ese estado, pero ni la técnica ni la práctica pueden hacerlo posible.

Nuestra humanidad se queda corta ante tamaña grandeza y, a la vez, es posible gracias a esta forma nuestra saborear aquello étereo, incorpóreo y sutil que está rodeándonos y a nuestro alcance. Somos parte de ello. Somos eso también.

Escribo, sin pensar mucho, lo que estoy percibiendo, respondiendo al llamado de esa voz interna. Atender al llamado es bien distinto a hacerlo por ser obediente, por cumplir, por obligación, por ser buena. Esto es diferente porque no hay nadie más involucrado, nadie a quien agradar, nadie que me vea. Aquí solo estoy yo y esa voz que también soy yo, las distancias se difuminan y desaparecen, la sensación de unidad con todo prevalece. Escribo sin esperar nada, sin juicio, registrando sin más, y un sentimiento de paz y alegría me sorprende. Vivir y ser feliz es fácil.

El sueño llega y me invita a entregarme. Me adentro en él sonriente, agradecida, sintiendo el deleite en mí. Me acomodo en mi cama con los ojos cerrados, siento mi cuerpo suave, poroso, entregado. Me abrazo con profundo amor y gratitud. Gracias por este contenedor humano tan hermoso, por todas las experiencias que me facilita. Gracias por esta mente amplia que se desata para mostrarme la espaciosidad de un corazón infinito. Gracias por la existencia y toda la belleza y abundancia que despliega. Gracias por estar viva aquí y ahora con esta conciencia creciente que se abre paso incluso a pesar de mí.

Me quedo dormida sabiendo que volveré a despertar a este estado. No hay sensación de apego ni tristeza, no se esfuma, está disponible en todo momento. Puedo entrar y salir y estar siempre inmersa en ello a la vez. No hay ningún sitio a donde ir. Estoy en casa.

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