Estoy jugando a retratarme, a dejarme hacer retratos. Estoy jugando a mirarlos luego y también a usarlos. A colocarlos por casa protegidos por preciosos marcos, a probarles filtros, a dejarlos volar por la nube, aparecer y desaparecer, dejarse ver. Dejarme ver. Y verme yo.
Siempre me ha dado pudor exhibir mi imagen. Creo que así procuraba protegerme. Y también evitaba ser mirada y mirarme.
Si no me muestro hay menos probabilidades de ser vista, de sufrir ataques o agresiones. También regalos. Me expongo menos. Recibo menos, de todo. Y al mismo tiempo, si no me miro, no me veo.
Cuando me arrasó la tempestad aquella, yo me miraba al espejo y de verdad que no me reconocía. ¿Ésta soy yo? ¿Me estoy volviendo loca acaso? ¿Cómo va a ser posible que yo mire mi reflejo y no me reconozca en él?
Entonces iba a mirar mis fotos de unos meses, de unos años antes, atenta, y veía que esa chica solo se parecía a mí, pero no era yo. Ya no.
¡Qué incómoda sensación de extrañeza, de sentirme ajena en mí misma, desdoblada, paralela!
Entonces las quité casi todas de enmedio, para no verlas, para que no me vieran, para no verme.
Y casi de la misma manera, sin darme cuenta del cambio, hace unos meses, me levanté una mañana de invierno, me miré al espejo así tal y como estaba, sin avalorios, sin lociones, sin haberme lavado la cara siquiera. Me miré atenta, me recorrí el rostro con dedos curiosos y me emocioné descubriendo la nueva mujer que yo era. ¡Tan hermosa!
Y entonces, casi a la vez, comencé a escribirme de nuevo, a retratarme con mis textos, con esta expresión escrita que es tan mía, tan yo, desde siempre, antes y después de las tormentas, las muertes y los renacimientos. Comencé a plasmarme en palabras y también a hacerme fotos de vez en cuando, a dejar que me las hicieran, a mirarme en ellas, como me miro en las palabras que escribo.
Mirarme desde esa profundidad recién descubierta (qué no sé si lo es más o menos que la de otros, ya no me comparo; es profunda para mí y eso me basta) para después mostrarme, compartirme. No para exhibirme, sino para presentarme y deciros «ésta soy yo aquí y ahora, así soy, así me voy descubriendo».
Con miedo. Valiente. Tranquila. Neurótica. Creativa. Cansada. De cerca. Desenfocada. Amorosa. Iracunda. Madura. Inocente. Sensible. Vulnerable. Fuerte. Capaz. Entregada. Sola. Acompañada. Pequeña. Humilde. Soñadora. Libre. Mujer. Niña. Bruja. Viva.
No tengo que gustarle a nadie. No puedo gustaros a todis. Le gusto a la Vida y me gusto yo ahora. Y eso es mucho. ¡Eso es tanto!
Retratarme y mostrarme es una manera de estar, de asentarme, de ser yo, de desplegar lo que tengo para entregarle al mundo, que para eso aterricé en él.

0 Comments