Palabras

Aug 26, 2019

Siempre se me ocurre algo que contarte pero hoy no encuentro qué.

Estoy como… Nublada. Difusa. Desenfocada. Confusa.

No me siento a oscuras, sí tal vez a media luz, una muy tenue, como la de un candil de aceite, leve, incierta, que solo alumbra lo más inmediato dejando al segundo plano en tinieblas.

Vengo a verte, como cada día, pero hoy, como ayer también, no sé qué decirte.

Podría hablarte del tiempo, del fin de una estación, de la planta que me voy a llevar al bosque. Podría contarte que los vecinos del bajo por fin se marcharon, que se llevaron con ellos sus risas y sus discusiones nocturnas. Podría decirte que me cuesta venir a verte cada día y que aún así encuentro siempre una fuerza que me impulsa y que me trae en volandas hasta tu puerta. Podría contarte que tengo sueño, que estoy muy cansada porque duermo poco de noche, porque me despierto angustiada de madrugada y ya no logro conciliar el sueño.

Podría, todo eso, y no me sale.

Me siento a tu lado y te escucho cuando hablas tú, te cojo la mano y tú me la aprietas con delicada firmeza, descanso mi cabeza en tu hombro un momento, te pregunto si te apetece escuchar música, eliges compositor y escuchamos la pieza hasta que te da sueño.

Me quedo en silencio, mirándote, dejándome envolver por la suave calidez de la melodía. Cierro los ojos durante un instante que me resulta eterno. Y me entrego. Descanso. Incluso sueño.

Sueño que corres campo a través mientras te ríes a carcajadas. Sueño que te animo a seguir desde la copa de un árbol. Sueño que lo subes con agilidad y nos sentamos juntos en la rama más alta. Sueño que se nos hace de noche allí, encaramados, y me muestras las estrellas, sus constelaciones, las dibujas con tu índice en el cielo y dejas una estela que dura unos segundos, lo justo para poder yo verla clara. Sueño que nos quedamos dormidos allá arriba y que un gong nos despierta.

Abro los ojos y los efluvios del gong se alargan elásticos anunciando el final de la pieza. Apenas si dormí unos minutos.

Todo está en silencio ahora, solo el eco de los pájaros en el jardín se cuela por las grietas de la casa. De pronto abres los ojos y me sobresalto, sorprendida. Sigo sin saber qué más decirte.

Podría contarte la visión que he tenido, describirte como el astrónomo corredor que pinta el cielo con sus manos. Podría explicarte cómo sentí el sonido alargado del gong. Pero no me sale.

Entonces sonríes levemente como si pudieras leerme. Entreabres los labios como invitándome a hablar y por un momento siento que no respiro y que mi corazón frenó su latido. No digo nada. Y tú dices:

-¿Qué me cuentas?

0 Comments

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Suscríbete

Para recibir mis publicaciones por email.