Hasta siempre

Mar 9, 2023

No quisiera tener que verme de nuevo en esta travesía de pesadilla y sin embargo, aquí estoy de nuevo, en este universo tan familiar como temido, con casi el mismo trayecto por delante. Hay algunas variaciones, de estilo, de contenido. Meras marcas de contexto que de hecho sólo vienen a confirmar lo que ya he podido ver y comprender antes: que el camino es uno y sólo uno, que no hay atajos ni es posible escaparme, que la única vía es a través.

La tristeza lo ocupa casi todo en estos instantes. Es densa, pesada, envolvente. No parece tener fin. Cuando un pensamiento de esperanza, un recuerdo dichoso o un momento de descanso llegan, el mazazo que la realidad me asesta después es implacable, no hay piedad ni consuelo posible. Solo la inevitable caída en este agujero oscuro en el que debo permanecer. Una tristeza profunda que llena el escenario con su imponente presencia.

No puedo dormir. Me asaltan los recuerdos, tan frescos aún. Las voces afuera, la sensación de quiebre en mi vientre, el tiempo que parece detenerse cuando veo tu cuerpo en el asfalto, tu hermoso rostro desfigurado, tu sangre cálida cubriendo mi ropa y mis manos. Y el dolor, mucho dolor, tanto dolor… Un dolor inmenso. Tan grande y tan profundo como la tristeza. Me cuesta respirar entre el llanto. Te lloro como una plañidera, sin vergüenza, sin decoro, con la intensidad y el volumen que mi corazón roto me exige.

Qué terrible. Qué injusto. Qué puñetera mierda, joder. Qué hijoputada tan enorme. No, no, no, no, no… ¿Por qué? ¿Por qué? Una puñalada de ira entra afilada y queda. Breve. Dura poco. El dolor y la tristeza la disuelven. Se me pierde entre tanta tiniebla y de pronto, ya no la siento.

Mi mente racional irrumpe en escena con su habitual desparpajo, solo que aquí tiene escasa cabida. Se empeña en culparme: si hubieses hecho esto o aquello, si no hubieses hecho esto otro, si hubieses llegado antes, o después, si te hubieses quedado… Le tapo la boca y le pido que por favor se quite de en medio y deje de entorpecer lo que aquí está sucediendo. Se da cuenta de su propia trampa y se pone al servicio. Hasta la próxima explosión. Entonces atravesaré de nuevo el manido recorrido para volver siempre al mismo punto de partida: un vacío insondable de dolor y tristeza.

Lo único real que sobrevive. Tu cuerpo yace inerte en mis brazos. Tú ya no estás en él. Una parte de mí vuela en tu busca, pero no puedo llegar ahí donde tú vas. Es un espacio vetado para mí de momento. Pido ayuda, luz, fuerza para que te acompañen en tu camino quienes sí pueden. Pido que sepas encontrarlo, que puedas seguirlo, que el viaje te sea propicio. Y que encuentres un paraíso acogedor al otro lado, uno que sea tan hermoso como el que tú nos trajiste con tu preciosa existencia.

Te lloro y te agradezco, tesoro mío, por habernos encontrado; entre tanta gente y en un mundo tan caótico, tú nos elegiste a nosotros. No sé qué mérito hicimos para merecer el regalo que has sido. Me siento la mujer más afortunada del mundo por haber tenido la dicha de compartir este espacio contigo. Gracias por seguirme a todas partes, por sentarte en mi regazo; gracias por tantos besos, por dejar que me acurruque a tu lado por las noches; gracias por caminarme en mitad del sueño, por tantos juegos, por tantas risas; gracias por retarme, por señalarme mi impaciencia, mi arrogancia, mi desconfianza, mi miedo; gracias por enternecerme con cada movimiento de tu ser perfecto; gracias por amarme sin reservas, sin juicios, sin expectativas. Gracias, precioso mío, por enseñarme a amar así, que es la única y verdadera formar de amar.

Entonces veo que es el amor lo que lo abarca todo. Un amor ilimitado en el que caben todos los colores, sonidos y texturas. El pozo de dolor, el abismo de tristeza y las cuchilladas de rabia están contenidas por ese amor. Un amor que es un abrazo, un bálsamo, un oasis de belleza y descanso. Un amor medicina que trae ahora el trazo de una sonrisa a mi rostro y un soplo pausado y extenso de paz a mi arrasado interior. Algo se recompone, aunque siga estando hecha trizas por dentro, a pesar del caos, de las lágrimas. Un milímetro de mí sana y se libera. El amor cura. El amor lo es todo.

Seguiré doliéndome las veces que sean necesarias en estos días, en este recorrido que es mi existencia. Repetiré el trayecto tanto como sea preciso para lograr abrazar lo único real y verdadero que existe: este Amor del que venimos, al que vamos y que somos. Un Amor al que se puede acceder de infinitas maneras, complicadas o gozosas, pero que siempre es el mismo. Nuestro Hogar. El único. El definitivo.

Me siento ahora como la hija pródiga. Después de haber deambulado perdida por el mundo dilapidando la fortuna de mi padre, una vez más he vuelto a casa. Y tú también, tesoro mío. Gracias. Te pido disculpas por todo aquello en lo que erré. Te amo. Soy amor encarnado. Gracias por mostrármelo. Buen viaje, mi rey chico. Nos seguimos encontrando.

Hasta siempre.

0 Comments

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Suscríbete

Para recibir mis publicaciones por email.