Llegó la hora

Dec 1, 2022

Estar tranquila, sola, en silencio, haciendo nada concreto, escuchándome, reflexionando, colocando esas piezas internas que aparecieron o que se movieron, descansando, sin exigencias ni objetivos, sin mirar el reloj ni estar pendiente de planes, de quedar con alguien, de atender a nadie, dejándome en paz mientras contemplo la vida y mi discurrir en ella.

Estar en eso cada día, al menos un rato cada día, lo más posible, hasta que se convierta en una actitud, en una manera de vivir, en un trabajo incluso, una vía de realización personal, un camino de autoconocimiento y de compresión del mundo, del universo, del cosmos, una dirección que le da sentido a mis pasos y a mis latidos.

Tal vez para muchos suene insulso, estúpido, vacío, ridículo, inútil, irresponsable, absurdo, cobarde, pueril, improductivo… Para mí ha supuesto luchar en mil batallas campales, la mayoría contra mí misma y en contra de todo lo aprendido, lo que me han inculcado, lo que en mi entorno se valora y se tiene por correcto.

Es duro andar inmersa en tantas guerras, peleándome con lo que siento, rechazando lo que anhelo, descreída de mis impulsos y aferrada sobre todo a esa lealtad ciega que asfixia en lugar de fortalecer, que frena en lugar de dar alas, temerosa de sentirme expulsada y ansiando seguir lo que mi voz interna me dicta.

Todas las guerras tienen un final. No hay ejército que pueda sostener un conflicto eterno. Así que algunas partes mías abandonan las armas, se rinden maltrechas, agotadas, asumen que no es por ahí y confían en que otra realidad es posible, una que no controlan pero que sabe cómo, cuándo y por qué. Respiran aliviadas. Ahora es tiempo de reposo, de curarse las heridas y dejar que sean otras las que se hagan cargo.

Esas otras partes, hasta ahora amordazadas, se abren paso con ilusión, emocionadas. Por fin pueden ver la luz, estirarse, poner lo suyo al servicio. Por fin les concedo su espacio y toman la oportunidad tímidamente. Dudan de mí. No acaban de creer que voy a dejarlas ser. Les tengo que repetir a menudo que es cierto, que estoy cansada, que la rendición es un hecho, aunque aún existan resistencias y los resortes históricos se activen de forma automática. Les pido paciencia, y ellas me dicen que de paciencia saben un rato, que llevan casi cinco décadas practicándola.

Es hermoso y reconfortante poder descansar en esto que también soy yo y que tan poco he atendido. Es hora ya de abrirle el paso y dejar el boicoteo y la lucha.

Ya es tiempo. El momento es ahora.

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