Danzando

May 15, 2019

Descalza. El pelo suelto. La mirada libre. Y como yo otras almas, delante, detrás, cerca, lejos, alrededor.

Y la música… La música llega y nos invita a seguirla. Yo la acompaño. Mi mente quiere liderar. Una y otra vez tenemos que decirle que no, que no es su momento, que no la necesitamos para estar aquí, en esto. Y poco a poco la vamos callando: yo, la música, mi cuerpo…

Hasta que surge la chispa y algo en mí se mueve sin que yo le diga, sin que lo pretenda. Y sigo a esa chispa para incendiarme entera de espontaneidad.

Y entonces sucede: el movimiento en libertad, la plenitud, el disfrute, la locura transitoria, el descontrol, el mareo, el impulso, las ganas de vomitar (a veces), el grito, la risa, el caos, la vibración, el desorden, el gozo, el placer, la conexión conmigo, con los otros, con el mundo… ¡La felicidad!

Mi cuerpo es un laboratorio.
Mi cuerpo es Mi laboratorio.
Con él y en él me experimento.
A través de él vivo.
Nadie, absolutamente nadie, conoce mi cuerpo como puedo llegar a conocerlo/me yo cuando me abro y me entrego.
Mi cuerpo es Mi laboratorio y voy a experimentar/lo/me.

Gracias a la danza en libertad y en tribu por abrirme a estos momentos de claridad tan valiosos. 

Bailar así me hace libre. Ser libre me hace feliz. Se feliz me hace más persona. Ser persona me convierte en uno con el universo. Y eso es todo a lo que aspiro.

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