Las palabras son las perlas que engarzan el collar del lenguaje. Un collar de infinitas vueltas. Un accesorio precioso de nuestra condición humana, repleto de brillo y de posibles combinaciones. Gracias a él nos comunicamos entre nosotras, podemos llegar a comprendernos mutuamente, a expresar ideas y sentimientos, a crear composiciones transformadoras, inspiradoras, únicas. También podemos herir. Así de poderosas son.
Más allá de su significado, hay palabras que para mí tienen un peso especial, por lo que representan en mi estructura vital, por el impacto que tienen cuando las metabolizo, a menudo también por su fonética y sonoridad cuando me resultan musicales al oído.
Hacen de bálsamo para mí, son medicina. Me gusta nombrarlas, escribirlas, leerlas, ver cómo se manifiestan en mi entorno, sentir la energía que las adorna y que me envuelve cuando las empleo o las vivencio.
Armonía
Belleza
Templanza
Serenidad
Elegancia
Libertad
Amor
Arte
Orden
Equilibrio
Cosmos
Música
Corazón
Relámpago
Lluvia
Marea
Ola
Escalofrío
Camino
Inteligencia
Presencia
Trascendencia
Alma
Fuego
Llama
Agua
Espiral
Mar
Sol
Serpiente
Tierra
Amistad
Arcoiris
Vacío…
Mi lista sería infinita, como mi collar.
Aunque a veces siento que mi collar, mi vocabulario, está limitado, que acabo poniéndome siempre las mismas perlas. Buceo en los océanos de la lectura para descubrir otros tesoros, otras gemas que poder ensartar en mi joya, y me maravilla la inmensidad de posibilidades, seguir descubriendo piezas desconocidas, recuperar el brillo de otras que tengo en desuso, dejarme tomar por el sentido, el significado y la energía que evocan en mí.
Un tesoro de valor incalculable que no se agota jamás. Al contrario, cuanto más lo uso, cuanto más luzco mi collar, mayor valor y presencia arroja. Y además lo puedo compartir y sus destellos pueden llevar luz a otros ojos y encender otros corazones, en principio diferentes al mío, por no alojarse en mi pecho, pero nunca ajenos. Tocarnos el corazón con el destello de nuestras alhajas y que se nos quede pegado ese fulgor, transformándonos.
Yo llevo prendido en mi pecho y en mi alma los adornos de muchas creadoras.
Gloria Fuertes
Santa Teresa
Rubén Darío
Pedro Salinas
Antonio Muñoz Molina
Clarissa Pinkola Estés
Federico García Lorca
Antonio Machado
Luis García Montero
Rumì
Tagore
Murakami
Maureen Murdock
Marion Woodman
Laura Gutman
Paul Auster
Julio Cortázar
Gabriel García Márquez
Isabel Allende
Jorge Luis Borges
San Juan de la Cruz…
Sus prendas me han encendido. Son suyas y las he hecho mías de alguna manera. Pueblan mi imaginario personal, habitan los entresijos de mi alma, abren espacios internos donde antes había puertas cerradas o muros infranqueables. Evocan estancias, universos y resonancias fascinantes y mi corazón de niña curiosa y sensible al asombro se sorprende en un giro, en una breve parada o en una excitante aceleración al descubrir una senda que me llama a adentrarme, una gruta que se abre generosa para acogerme, una extraña flor que me seduce voluptuosa con sus formas, colores y perfumes…
Y todo es seguir explorando esas cuevas plagadas de tesoros inagotables, abiertas de par en par para mí, para ti, para todo aquel que sienta el impulso de penetrar en ellas, aunque esté oscuro, y especialmente si lo está.
Leer así, escribir así, vivenciar así el lenguaje es embriagarme de continuo, vivir extasiada en un proceso de creación y cocreación constante, porque existo en la expresión, todo el tiempo, incluso cuando callo y hasta cuando sueño, arrobada por la sublime grandeza de esta ofrenda celestial que nos conforma. Puedo seguir eligiendo mis cuentas, elongando mi collar, tomando y entregándome, explorando mundos sin fin… Como en la música, a la mesa, con las imágenes, en el abrazo desnudo, en la sexualidad, a través del movimiento y la danza…
¡Qué prodigio de existencia! Vivimos inmersas en la Gran Creación sin fin siendo a la vez creadoras de la misma ¡y apenas nos damos cuenta! Que la Vida es eterna. Que todo lo que existe es Conciencia y Vibración, la realidad que configura el Universo en su total inmensidad.
Aquí nos seguimos encontrando. Por siempre.

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