Supervitaminarse y mineralizarse

Jan 18, 2026

Me ha pasado en alguna ocasión que, al expresar lo que supone para mí el camino de experimentarme y experimentar la Vida desde la comunión con los enteógenos (naturales o sintéticos) hay personas que, casi en un alarde de ‘desprestigio’ o puede que movidas por un juicio en parte inconsciente (el mal uso y el abuso histórico de las mismas junto con la mala prensa y las prohibiciones han contribuido necesariamente al rechazo generalizado hacia los psicodélicos y a la instalación generalizada de la opinión pública en la ignorancia), me han dicho con contundencia que ellas no precisan de nada externo, ajeno a ellas, para tocar la consciencia, expandirse o disfrutar.

Yo, sin pretender defenderme, y a pesar de que a veces el desprecio que destilan sus palabras ha podido herirme o molestarme, procuro finalizar la conversación expresando que no hago apología de nada, que solo hablo de mi experiencia y que yo tampoco necesito tomar nada para sentirme una con el Universo. Simplemente digo que estas sustancias han estado aquí desde siempre; que las que no son creación del hombre en un laboratorio son hijas de la Naturaleza, de la Madre Tierra, divinas por tanto; que los seres humanos se han hermanado con ellas desde tiempos inmemoriales en todas las civilizaciones y culturas conocidas para sanar, encontrar respuestas y trascender situaciones; que no son la panacea, ni la única vía, ni comulgar con ellas es garantía de nada.

Solo digo que, cuando nos acercamos a ellas con respeto y cuidamos el uso que hacemos, pueden abrirnos puertas al Infinito.

Por supuesto que esas puertas podemos abrirlas con otras llaves maestras: la respiración, la meditación o la oración, el ayuno, el movimiento, la danza, el canto, la práctica del silencio, la pura realización de nuestra naturaleza verdadera… Seguro existen más que yo desconozco. Son todas también vías ancestrales y comunes a numerosos pueblos.

Las sustancias enteogénicas son una vía más. No es la única ni es para todo el mundo. Es una posibilidad.

Párate a pensarlo un momento. Seguro que te ha sucedido. Se puede sentir y experimentar el amor sin un objeto o ser amado que interceda. Se puede alcanzar el goce estético o vivenciar una experiencia sublime de belleza y arrobamiento sin que medie divinidad u obra de arte, solo a través de nuestra prodigiosa esencia.

Pero cuánto más dichoso se vuelve todo cuando hay un amante o ser amado, cuando está Dios o Shiva presente, cuando existe un poema, una melodía o una escultura que nos abruma, cuando el hecho natural (el amanecer, la puesta de sol, los copos de nieve, el mar, el olor de un bebé, el arcoiris, las flores, los relámpagos…) irrumpe en nuestro escenario para confirmarnos la grandeza de la existencia.

Yo no renuncio a esos objetos de conciencia que la Vida pone ante mí para que los experimente y me goce a mí a través de ellos. Gracias a que existen puedo también practicar el desapego y tener la vivencia de Totalidad que me trae sentido. Le digo sí a la música de Bach, a la Piedad de Miguel Ángel, a dormir abrazada a una piel que amo, a la risa de mis sobrinos, a la lucidez que descubro en el silencio y por supuesto a las Medicinas que amplían conciencias y expanden las mentes del ser humano.

Enteógeno es un neologismo que significa algo así como inspirado por dios o con dios adentro, lo cual denota que ya lo llevamos incorporado, a Dios. Ya somos seres divinos. Estas sustancias maravillosas solo nos lo recuerdan, si es que lo habíamos olvidado, o nos lo muestran, si es que jamás lo habíamos visto. Y en el proceso nos enseñan otras muchas verdades más. Tienen ese poder. Solo hay q acercarse a ellas con respeto y con un corazón puro.

Que cada uno elija cómo quiere experimentarse y experimentar la realidad. Que descubramos qué significa la libertad verdadera. Que podamos aprehender nuestra genuina naturaleza.

Ahora entiendo aquella invitación que Súper Ratón nos hacía.

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