Selvática

Nov 30, 2025

Camino sola entre la maleza. No tengo miedo. Me siento en casa.

Encuentro un agujero horadado en la tierra como de un metro de diámetro. Me asomo curiosa y veo agua en el fondo.

El agujero es más amplio en el interior y me pregunto si puedo bajar porque un impulso muy fuerte a meter los pies en el agua tira de mí.

Con dificultad consigo colarme y llegar hasta el fondo. Veo pequeños peces que danzan vibrantes en el agua, turbia por la arena y por su frenético movimiento.

De pronto siento miedo. ¿Y si son pirañas y me devoran? En la selva hay pirañas de río, lo sé, las he visto. Tienen dientes pequeños y afilados capaces de atacar y desgarrar.

No, no son pirañas, míralos moverse, mira su forma. No son pirañas. Atrévete y mete los pies en el agua.

La pequeña cavidad, como el agua que contiene, se sienten cálidas y acogedoras. Los peces se acercan a mis pies y los rozan con suavidad. Yo sonrío.

De pronto miro a mi izquierda y veo una tubería de metal y un grifo de plástico amarillo sucio y desgastado que sale de ella.

Me molesta esa intervención humana en mitad de este rincón salvaje en la naturaleza.

¿Por qué nos empeñamos los humanos en llegar a todas partes interviniendo, manipulando, contaminando?

Me molesto y decido salir. Pero no es fácil. No consigo encontrar la manera de elevarme para ganar altura y agarrarme a las paredes hacia el exterior.

Mejor si me meto entera en el agua y desde ahí gano impulso.

Me sumerjo en el agua cálida. Es más profunda de lo que vislumbraba pero puedo descansar en el fondo y apuntar una vía de salida.

Ya en el exterior, mojada y cubierta de arena, raíces y hojas muertas, me siento renovada. Y sigo mi camino.

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