Menos mente

Aug 3, 2025

La imaginación de un ser humano puede no tener límites si la dejamos galopar libre. Puede recorrer los confines del planeta en segundos, viajar al espacio exterior o adentrarse en las profundades de la tierra. Puede inventar universos alternativos habitados por criaturas increíbles, generar trayectos imposibles para las coordenadas espacio-temporales, perderse y encontrarse infinitas veces y de todas las maneras posibles. Es capaz de diseñar invenciones fascinantes, de parir soluciones posibles y de resolver enigmas.

La imaginación humana es verdaderamente prodigiosa y también puede ser tramposa cuando nos enredamos en fantasías y las alimentamos en ese espacio intangible de nuestra cabeza, cuando no les damos tierra y permanecen en el mundo de las ideas creciendo y creciendo sin concretarse en algo real, palpable, cuando nos fascinamos tanto con nuestras creaciones que el cotidiano se nos revela insulso, aburrido, vacío de color, y lo denigramos, evitándolo de todas las formas posibles que se nos ocurren, a menudo quedándonos más y más tiempo en ese imaginario deslumbrante, aisladas, solas, sin querer salir.

Aquí hay peligro de perdernos, endiosarnos, desconectarnos, peligro de habitar la locura en alguna de sus patológicas formas. Peligro de desvincularnos de nuestro ser y del mundo, o de dejar entrar solo a quienes también habitan en él. Una posibilidad entre tantas otras.

No sé por qué escribo esto, cuál es la intención. Me quedé ahí atenta un tiempo, como tantas veces, a las trampas de la mente, pudiendo apreciar su grandeza y también su lado oscuro, cómo me ayuda a resolver y a crear y también la manera que tiene de enredarme, confundirme y engañarme, porque tergiversa, complica, manipula y ahí termino a veces perdida y confusa, insegura, desconfiada.

La imaginación es un atributo de la mente. Un atributo fascinante, sí, que puede tornarse ilusorio según el uso que hagamos. La clave por tanto está en apreciar y conocer su naturaleza y desde la auto-observación discernir cómo lo empleamos. Y si aún así tenemos que perdernos o dejarnos engañar por nuestros propios mecanismos, bien está. Algo aprenderemos. O no. Todo es perfecto tal y como se revela en cada momento.

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