Trascender el sexo, el género, la identidad y la materia para saberme, sin ser ése un proceso mental, tan sólo parte de la existencia.
Trascender mi historia personal, mi biografía y todos los rasgos de mi carácter.
Trascender todas las emociones y creencias. Trascender las dudas, la culpa, la vergüenza, el placer entero, la alegría.
Trascender el dolor y el apego que se genera en esta existencia física y densa.
Trascender todo esto tan cercano y conocido para acceder a otro espacio de conciencia y tiempo.
Pero, ¿cómo se hace? ¿Cuándo es el momento? ¿Sucede o tengo que ponerme a ello? ¿Es el trabajo de toda una vida o se puede alcanzar en un instante? ¿Es viable para cada persona o solo para algunos elegidos? ¿Es preciso hacerlo? ¿Tiene sentido? ¿Para qué?
Para ser libre y saborear de verdad lo que es la libertad.
Para soltar y vivenciar lo que significa no engancharme en nada.
Para darme cuenta de lo pequeña que soy y también de mi grandeza.
Para envolverme de humildad y sentir el amor más profundo.
Para saberme una con el resto y parte de todo lo que es.
Para vivirme y vivir en plenitud.
Por eso atravieso todo lo demás antes, para poder llegar a esto otro después.
Tal vez. Algún día. En alguna vida. Puede ser.

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