Si ya te posicionaste y sabes cuál es tu respuesta, ¿qué te cuesta decírmelo? ¿Para qué me dejas colgada en un limbo de duda, día tras otro? Si te pregunté explícitamente varias veces y hemos abierto un espacio para expresarnos, ¿cómo puedes mantenerme en la espera cuando además eres consciente de que tu decisión condiciona los siguientes movimientos que yo pueda generar? Si aún tienes dudas y por eso no contestas, ¿qué te impide decírmelo así, sin tapujos?
Me dejas colgada en un espacio frío de indiferencia, sin respuesta, desatendida, sola. Me siento ignorada, abandonada, mal tratada. Que no te importo o te importo poco, incluso si es porque simplemente te olvidaste. Te olvidaste días, a veces incluso semanas. Eso es demasiado olvido. Olvidarse no es siempre tener mala memoria o ser cobarde y evitar; olvidarse es también falta de interés, desatención.
Te escondes. Me evitas. Haces como si no me hubieses visto, escuchado, leído. Tal vez te dices que hay tiempo y al hacerlo veo que solo piensas en ti y dejas lo mío fuera, no me tienes en cuenta. Y eso me duele.
Atrévete, por favor. Dime que no si es un no lo que te nace. Puedo encajarlo y seguir luego con lo mío. Dime que no sabes si tienes dudas, está perfecto no estar seguro. Dime que sí si eso es lo que quieres, y si viene con reservas también puedo escucharlas. Prefiero una respuesta honesta al vacío de la no comunicación, de la ausencia cuando hay algo pendiente en el aire. Claridad, es lo único que te pido.
Atrévete, por favor.

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