Umbrales

Jun 13, 2022

Todo lo que acontece en cada plano que habito tiene un paralelismo en los demás planos de existencia. Lo denso y material del cotidiano, lo evanescente y simbólico del onírico, lo trascendental y traspersonal de las búsquedas psico-espirituales. Como es adentro, es afuera. Como es arriba, es abajo. Cuando afino la mirada puedo ver la lógica que lo borda todo en una unidad de coherencia aplastante.

La clave, ahora que comienzo a entender algo de este inmenso misterio, me parece que reside en mantener una actitud de plena presencia y atención, estar alerta, observando y observándome. Serena y al acecho. Las trampas pueden aparecer en cualquier momento. Los tesoros también.

Las imágenes caleidoscópicas, los colores y fractales son sólo un portal que trascender para llegar más allá. Puede resultar fácil y también incómodo quedarme atrapada en ellas. Son atractivas, fascinantes, pegajosas y envolventes, parecen no tener fin y se me enredan en las extremidades, en la retina, se cuelan entre los recodos de mi cerebro parsimoniosas, lo ocupan todo, me abruman.

Pero si logro atravesarlas, tan impactantes como se muestran, puedo hallar el sentido último que las genera, al otro lado. Hacen las veces de umbral iniciático. Tengo que trascenderlas o sumergirme en ellas, dejarme llevar y rendirme a su apabullante exuberancia. Aunque lo ocupen todo. Aunque apenas me dejen espacio. Aunque me atropellen e inunden. El único camino es a través.

Todo eso tan atractivo y excitante, lo intenso y colorido, eso que tanto brilla, a veces peligroso, otras emocionante o novedoso. Todo eso no es más que un entretenimiento, una prueba para valorar si me sigo quedando pegada o me comprometo a cruzar el umbral que me lleva al otro lado.

¿Quiero de verdad traspasarlo? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué he venido a hacer? ¿Cuál es el sentido de exponerme una y otra vez? ¿A qué llamado interno estoy respondiendo y hacia dónde me lleva? ¿En qué me entretengo y con qué me despisto? ¿De qué pretendo escaparme con esas distracciones? ¿De qué vengo escapándome toda mi vida? ¿Dónde y cómo juego a ser invisible o ciega?

Cada vez que me planto frente a él tengo cierta conciencia de que cruzar ese portal es de alguna forma peligroso. No hay vuelta atrás después de ese paso. El movimiento de avance que genero y al que me entrego es irreversible. Jamás podré volver al punto en el que estaba. Regresar es inviable. Una sensación de vértigo que aumenta con la incertidumbre de no saber qué me espera al otro lado, si será placentero o infernal, cuánto de mi esfuerzo se va a ver comprometido, cómo va a impactar en mí, si voy a sentir miedo y angustia y cuál va a ser la intensidad de las sensaciones, imágenes y emociones que me asalten.

El miedo puede paralizarme o impulsarme a la acción. Depende de lo que de verdad necesito vivenciar y de la motivación por conquistarlo. Reconocerlo para seguirlo puede llevarme un tiempo, el necesario para sacudirme el pavor, abandonar las distracciones, la ilusión de control y ponerme a la tarea. A eso he venido, aunque a veces me despite, me haga la distraída o fantasee con escabullirme. Sé que no tengo escapatoria, que el lugar es aquí y el momento es ahora.

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