La niña buena

Jun 2, 2021

La niña quiere encajar. Necesita encajar. Le han enseñado que encajar es bueno, que es lo mejor. Pero, ¿lo mejor para quién?

Ella ya ha aprendido que cuando encaja la aceptan, la quieren. Así sí, le dicen. Va buscando esa mirada aprobatoria para sentir que pertenece. Y que está a salvo.

Lo más difícil es llegar a un lugar nuevo. Parece tranquila pero por dentro está alerta, atendiendo a cada detalle. Necesita saber quién depreda y quién proteje para alejarse o acercarse, para defenderse o confiar.

Al principio se equivoca, claro, es una niña y está aprendiendo, tiene miedo. Se lleva algún rasguño, algún grito, pero muy pronto su instinto se agudiza y huele el peligro a leguas. Lo ve venir y lo evita, busca refugio o se escabulle.

A veces encajar le supone un enorme esfuerzo. Tiene que fingir algo que no es. Y fingir es cansado. Mantener ese andamiaje externo que por momentos amenaza con derrumbarse sobre su delicada estructura interior es un trabajo titánico para una niña. Pero lo logra. Y eso la hace feliz porque una vez más se salva, un día más sin ser expulsada.

Pero sabe que calla mucho, que oculta, que se oculta, que muestra sólo una parte, que falsea y miente. y eso no es ser buena… ¿O sí?

Por dentro le arde un fueguito que le muestra otras formas y caminos, le dice que por ahí sí cuando el mundo se lo niega, le dice que como ella es sí cuando el mundo la rechaza. Qué pena que esto que siento no encaje con aquello que quieren de mí… Parece tan hermoso, tan fácil…

La niña buena tiene veinte años, treinta, cuarenta y muchos, y se ha hecho una experta en el pesado juego de encajar.

Ese algo cálido y llameante no se apaga nunca, bulle constante por dentro, cada vez con mayor intensidad. La sigue invitando a ir por el camino menos trillado, a hacerlo de manera diferente, a discordar, a ser estridente si eso es lo que le nace. La alienta a perderse, a confiar, la anima y apoya. Y ahora ella se entrega.

La niña buena camina ahora en brazos de una adulta que la ve y la sostiene sin reservas. Ya siempre estará a salvo.

Y se da cuenta de que tal vez algunas personas vienen para aprender a encajar y otras, sin embargo, para desencajarse.

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