Sigo anodada escuchando y leyendo expresiones que me impactan, palabras que en principio son solo eso, palabras, con sus significados, sin más. Palabras cuya función, como suele suceder, es nombrar algo, darle entidad y ayudarnos así en nuestra comunicación. Palabras que entendidas así, parecen inocuas, y sin embargo yo veo que están elegidas con una intención y un sentido, que van recubiertas de una pátina que no es casual. Palabras que, salvando la distancia idiomática cuando es el caso, se repiten literalmente en diferentes países.
Y todo eso a mí me huele mal y me resulta sumamente sospechoso.
Nueva normalidad. Distancia social. Lavado de manos. Confinamiento. Nuevo orden mundial. Reseteo. Cierre perimetral. Rastreadores. Asintomático. Súpercontagiador. Negacionista. Conspiranoico. Terraplanista…
Control, control y más férreo control. Recorte de libertades, limitaciones, prohibiciones. Generación de miedo, de pánico, de desconfianza. Órdenes, obediencia ciega, ausencia de pensamiento crítico y de ideas propias. Falta de criterio. Desprecio. Negación. Rechazo. Manipulación. Mentira.
Esto es lo que yo veo, leo, entiendo detrás de todo ese nuevo lenguaje de mierda que nis están vendiendo camuflado. Pero la mierda es mierda y no importa lo grande que sea el envoltorio en el que la camuflen. Tarde o temprano, hedionda, lo llenará todo de asquerosas moscas y no habrá quien se libre de ser devorado.

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