Venirse arriba

Aug 9, 2020

Andaba atrapada en el ritmo veraniego de este peculiar año cuando, un día después de que me lo enviase, vi el mensaje de Esther. La última vez que supe de ella fue unos meses atrás para anunciarme que publicaba su primer libro de relatos, libro que tú, generoso, prologaste e incluso presentaste. Así que al ver su audio pensé que tendría que ver con literatura o con una visita relámpago por la zona.

Me quedé helada cuando la escuché decir que te habías muerto. A los 52 años. De cáncer de estómago. ¡Qué golpe, profesor! ¿Cómo se te ocurrió?

52 años habría cumplido Dave la misma semana en que tú desapareciste. Qué curiosa causalidad…

Esther pensó que sería bonito dedicarte un relato, y se puso en contacto con nosotros, tus alumnos de aquel curso de escritura creativa, y con el periódico en el que escribías para hacerles la propuesta, una que abrazaron encantados y nos dieron 150 palabras a cada uno.

Aquí va mi contribución, aunque ahora que no tengo limitación de espacio me voy a extender algo más, no mucho. Creo que ya estaba todo dicho.

No he encontrado mi cuaderno de apuntes para rescatar alguna de tus ocurrentes frases, y aún así aquellos recuerdos permanecen en mí indelebles. Durante nueve meses, dos horas de cada tarde de los miércoles nos invitabas a escribir, por supuesto, y sobre todo a leer. A leer mucho, a leer a otros, a leer a nuestros compañeros de clase, a leernos y releernos a nosotros mismos, envolviendo siempre tus constructivos comentarios en sonrisas, proponiéndonos retos a los que entrábamos de lleno porque tú nos lo ponías tan fácil, profesor.

Un cuento por semana para escribir, un autor por semana para leer o descubrir. Nunca nos dejaste a ninguno sin tiempo para presentar nuestro escrito ni sin tu armonioso feedback, siempre nos motivaste a mejorar y a seguir trabajando.

Compré tus libros, para mí, para regalarlos. Hoy los abrazo con renovada ternura, y al abrir uno de ellos, ‘El protegido’, me recibe tu cuidada y personal caligrafía en una dedicatoria que se me antoja visionaria en estos tiempos extraños que nos han tocado vivir: «Para Gloria, unidos por la ficción, por historias como ésta en la que todo parece venirse abajo, aunque quizás sea para mucho mejor». ¡Cuánta esperanza! Tenemos todas las razones para venirnos abajo, sin duda, aunque tal vez sea justo eso lo que precisamos para venirnos arriba y salir del sinsentido en el que nos hemos sepultado.

Te imagino departiendo con Carver, con Bukowski, con Cortázar. Tú estás escuchando atento y sonriendo después. Pones la sal a la reunión y les haces de contrapunto.

Siempre recordaré cómo nos hablabas, cariñoso y divertido, de tus hijos, de los paseos con tu hermoso perro, de tus alumnos tan diversos. Cuánto te van a extrañar…

Has dejado un vacío evidente que sin embargo está cargado de tu sentido y de tu presencia, tu legado, y toneladas de cariño y respeto que tantas personas sentimos por ti. Ojalá eso alivie a los tuyos.

A ti ya solo me queda decirte, muchas gracias y buen tránsito, profesor.

0 Comments

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Suscríbete

Para recibir mis publicaciones por email.