A qué huele el miedo

Apr 6, 2020

Anoche leí un rato en la cama antes de apagar la luz. Y mientras leía me asaltó un olor sutil, leve, pero constante. Aun resultándome familiar, no conseguía identificar qué olor era áquel.

Es difícil describir un olor. Suelo hacerlo en comparación con otros que ya conozco. Pero trazarlo de cero… No sabría cómo hacerlo.

Este olor de anoche no era agradable, era como de plástico quemado, de neumático fundido, como de algo ajado que se descompone.

Me puse a olfatear la camiseta que llevaba puesta, el edredón, la almohada, el libro que tenía entre las manos, el teléfono móvil, los cables y el enchufe cercanos, el cajón anexo donde guardo calcetines y aceites esenciales… Nada. Allí no estaba.

Mi marido se interesó. Al principio no lo percibía. Luego lo captó. Sí. ¿De dónde viene? Tal vez sea la lámpara de sal que está siempre encedida (desde que comenzó el confinamiento) en la otra habitación. Tal vez, dijo. Y fue a comprobarlo, y comprobó cada estancia. Sin rastro. Volvió a la cama y allí seguía, tenue e inalterable. En torno a mí.

Dejé la lectura, apagamos la luz. Yo me sentía inquieta. Pensaba que un incendio podría producirse mientras dormiámos y eso me asustaba, pero sin duda por debajo de ese temor había otros.

Y soñé un sueño lúcido en el que esa mujer madura y sabia que en otros sueños y viajes se me aparece, vino de nuevo para decirme: «ese olor es antiguo ya para ti, conocido. Es el olor del miedo. Es tu miedo.«

A pesar de estar dormida algo en mí hizo clic. Mi miedo tiene un olor. Mi miedo puede manifestarse a través de un olor. Así me hago más consciente del mismo. Así puedo calmarlo. Calmarme. No pasa nada. La casa no se incendia. Es sólo miedo. Mi miedo.

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