Entre tantas personas entregadas al disfrute aquella noche tú te fijaste en mí y yo en ti. Y hablamos y hablamos… Y nos olvidamos de la hora, del tiempo, de los amigos…
Luego seguimos hablando. Salimos. Quedamos. Nos encontramos. Una vez solo. Aquel mismo verano. Hacía un calor sofocante y seco. Pero eso qué importaba. Nada.
Terminó el verano. Nos vimos durante el otoño, y el invierno. Seguimos coincidiendo en primavera y al verano siguiente.
A veces lo planeábamos. Otras, sucedía. Así. Era pura magia sin trucos. Entonces tú te escabullías de tu plan y yo del mío para quedarnos juntos, solos, en un lugar tranquilo donde poder hablarnos a los ojos.
Meses después dormimos una vez juntos, muy juntos. La cama era pequeña, afuera llovía y hacía frío de nuevo. Nos abrazamos todo el tiempo.
Antes, durante, más adelante muchos encuentros. Tés, cervezas, cenas, cines, paseos, charlas en bares, en ferias, en parques, en tu coche.
Y luego vino la distancia física y las cartas.
No importaba cómo me iba en la vida, yo te pensaba siempre. Me sucedían cosas y quería contártelas a ti. Quería saber de las tuyas, cómo estabas, qué era de ti. Si te habías casado, si tenías hijos, si cambiaste de vida como querías.
Cuando aquella ola gigante me revolcó de lleno y pude empezar a salir a flote quise verte y compartir contigo. Anhelé tu presencia amorosa, tu entregada escucha, tu mirada tierna, tu actitud fuerte y decidida. Deseé todo aquello que tú me habías ofrecido antes, tan generoso.
Y te busqué. Al otro lado del teléfono, en aquella dirección, entre las redes. Pregunté por ti, te dejé recados. Pero nunca nos volvimos a encontrar.
Desapareciste. Desaparecí yo para ti.
Aún confío en verte de nuevo algún día y poder decirte tan solo que te quise, que eras importante para mí, que te tengo presente cada vez que sucede algo clave en mi vida, que te pienso a menudo, que te agradezco infinito tanto cariño y respeto.
Lanzo mi deseo al viento, y si no progresa, al menos le pido a la vida que te haga llegar mi amor de la forma en que tú lo puedas recibir; que de alguna manera sepas que soy yo la que en la distancia te piensa, te aprecia y te desea de corazón lo mejor, pues eso es lo que te mereces.

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