La Vida no se equivoca, no comete errores. Nunca.
La Vida sabe, y es.
La Vida late y se mueve más allá y a pesar de la Muerte; juntas mantienen activa la rueda del eterno transcurrir, un movimiento (tal vez) con un principio (o no) y sin un final, una marea eterna que se acerca y se retira, que entrega y arrastra, que reposa y se revuelve.
La Vida hace espacio primero y deja espacio después. Ella manda. Ella genera y destruye. Ella grita sus acciones y calla sus razones porque no precisa justificarse ante nada ni nadie.
¿A quién va a rendirle cuentas la Vida si ella está por encima de todo, de los hombres, de los dioses, del universo entero?
La Vida manda. Y cuanto antes me entere y lo asuma, mejor bailaré con ella.

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