Fuente interior

Ago 15, 2022

Hay una parte de mí sin forma concreta pero con una voz muy clara que siempre, sin excepción, sabe lo que quiero y lo que necesito.

Conoce la respuesta a todas mis preguntas, está segura de qué ruta tomar, tiene claves certeras que me ayudan a avanzar en el camino y nunca, jamás se equivoca.

Esa sabia que me habita es un cetro de mando, una bola de cristal con conexiones siderales, un caldero mágico rebosante de sabores. Es el mapa del tesoro, la brújula universal, un oráculo, una biblioteca interminable, el navegador más potente y sofisticado.

Posee una mirada con vistas al infinito, el oído de un ave nocturna, huele la escarcha antes de que se forme y puede tocar el cielo y el infierno a la vez sin inmutarse.

Está siempre despierta, siempre en reposo. Constantemente disponible. Sólo necesito soltar mi exigencia, la prisa, la impaciencia, el miedo. Quedarme en silencio, sin expectativas, atenta, alerta, a la escucha, respirando, cerrando los ojos, sintiendo mi centro, enraizada, en contacto con mi firmeza. Sostengo el vacío de no saber un instante, o una vida, y entonces se materializa.

A veces la busco y no doy con ella. Otras aparece sin avisar, muy prolija, con montones de ideas brillantes y multitud de soluciones que va derrochando a placer, generosa, fértil, abundante. Es un prodigio de verdad, de autenticidad y de vida plena.

Aunque siempre tenemos conexión directa, a veces no logro llegar a ella, enganchada como estoy en otros mundos más densos y pegajosos. Ella funciona en un plano más sutil e intangible. Aparece cuando estoy en la predisposición adecuada, a la espera de sentirme preparada para el encuentro.

Voy a dejar de censurarme y censurarla. Voy a soltar la auto-crítica y la castración. Voy a mandar al carajo la represión y el ponerme en duda. Voy a darle y a darme todo el crédito, a ponerme en valor, a activar la escucha y seguir las claves que despliega para mí.

Voy a ello con mi vida y por mi vida. Y no hay trabajo más importante que pueda hacer ahora que éste mismo. Me entrego a él en cuerpo y alma. Todo lo que llegue, a su casa viene, sin dejarme nada afuera.

Voy a encontrarme y voy a florecer como una flor. Voy a bañarme en las aguas de la fuente que me da la vida y voy a emanar vida por cada poro de mi ser. Que la Vida misma sonría al reconocer a su hija en pleno despliegue, y que yo no me separe ya jamás de la luz y la fuerza que mi Gran Madre me ha transmitido. Así la honro, me honro y honro al mundo entero.

Así sabré que soy y quién soy.

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