Es difícil mantenerse en la tristeza, el miedo, la desesperación, quedarse una pegada al sufrimiento, a la envidia o al odio cuando la vida es todo el tiempo tan asombrosamente bella, tan fascinante y preciosa.
Un rato sí (un instante, horas, varios días incluso, meses a veces), me quedo y experimento la rabia que me sobreviene, el miedo, la desconfianza, los celos, la carencia, el dolor, el resentimiento, la venganza, la soledad… Y luego, sin esfuerzo, me llega el canto del mirlo, un tenue rayo de calidez solar, la risa de los niños, los colores de la naturaleza y sus inabarcables fragancias, una melodía, una mirada, un abrazo, una palabra de aliento, un sentimiento de plenitud, de dicha, de agradecido reconocimiento, un sabor delicioso, un instante de paz, de presencia, la vivencia de completitud, la confianza en la Vida, en mi vida…
Es difícil mantenerse pegada a lo primero cuando todo lo demás es tanto, tan generoso y abundante. Es difícil hacernos tanto daño tanto tiempo cuando podemos elegir quedarnos en el gozo de existir desde la gracia que somos. Es solo una trampa humana que precisamos trascender para recordar lo que ya sabemos desde siempre pero que hemos olvidado, justo porque nos entretuvimos entre enfados, dolores, venganzas, rencillas, juicios y críticas, mentiras, medias verdades, traiciones… La vida contiene eso también, sí, pero es tan infinitamente más hermosa y plena que todo eso, más que cualquier descripción, por amplia que sea…
Es una elección personal. Personal en su doble sentido: porque atañe a la persona en cuanto a humana que es y porque es individual, nace del individuo y nada externo a él tiene poder para aniquilarla.
Esa elección es lo que nos hace verdaderamente libres o esclavos, la que nos lleva al paraíso o nos transporta al infierno sin movernos un milímetro, la que nos concede la paz o nos mantiene en guerra. La que, en definitiva, nos coloca en la plenitud del ser y en la felicidad plena o nos mantiene en el malestar.
Poder elegir supone responsabilidad y valentía. Es el libre albedrío que a menudo nombramos pero que no siempre estamos dispuestas a asumir. Y aún así, depende siempre y solo de nosotras. Es el mayor regalo, junto con la vida, que se nos entrega y que nos pertenece por derecho.
¿Tú qué eliges? ¿Lo tomas o lo rechazas?

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