Abrazar

Jul 5, 2026

Hay personas a las que les gusta dormir abrazadas. A un ser querido o a una almohada.

Yo no tengo costumbre de abrazar almohadas y sin duda disfruto muchísimo del abrazo con mis  seres amados.

Pero lo que más me gusta es abrazarme a mí.

Me pasa desde que era una niña. Sospecho que empecé a hacerlo de manera instintiva para sostenerme y aliviarme del miedo que me asaltaba al dormir sola.

El ritual es sencillo: entro en la cama, me acomodo de lado con las piernas flexionadas una sobre la otra, me rodeo a mí misma con los brazos y sonrío.

Es un momento cumbre de todos mis días.

Un instante de profunda dicha y felicidad.

Puede que esté agotada, que el día haya sido duro, que tenga alguna preocupación o angustia. Y aún así, me recojo en mí y respiro profundamente sintiéndome reconfortada y plena.

A veces me quedo ahí, en quietud. Otras recorro mis miembros, aprieto suavemente mis brazos, mis piernas, mi vientre, mi pecho. Aquí, aquí, aquí. Yo conmigo.

¡Qué gozo! ¡Qué descanso! ¡Qué oportunidad cada noche para recogerme en silencio y filtrar las vivencias de la jornada! Para entregarme al sueño y permitir que el inconsciente encuentre respuestas, soluciones o nuevas vías de exploración y acceso a mi Ser.

Recapitulo lo vivido durante el día, agradezco, cierro los ojos, procuro no fantasear (antes era un automático agotador) y si mi mente está aún muy activa nos pongo a respirar con conciencia. Ahí todo suele calmarse y entro al sueño con facilidad.

Hay mañanas que me despierto casi en la misma postura en la que me dormí, sintiendo que el descanso ha sido reparador.

Abrazar es sinónimo para mí de aceptar, de contener, de incluir, de tomar todo lo que hay.

Abrazarme es aceptarme, contenerme, incluirme, tomar todo lo que soy y todo lo que hay en mí.

Así que con ese gesto cada noche en la intimidad y seguridad de mi cama, me entrego a lo que soy con amor y compasión, y la sensación de bienestar profundo es inmediata y duradera.

Puede que la misma que siento cuando abrazo y acepto lo que es y lo que hay ahí fuera, en mis interacciones con otras personas, en el mundo, con la vida.

Cuanta mayor sea la aceptación, menor es el sufrimiento.

Cuanto más abrazo, mayor dicha vivencio.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete

Para recibir mis publicaciones por email.