Los dolores de la mujer.
Nos han adiestrado para que ocupen más espacio que los placeres.
Los placeres de la mujer.
Nos han enseñado a taparlos, a esconderlos, a negarlos.
Los dolores de la mujer son reales. Existen.
Los placeres de la mujer son muy reales. Inmensos. Grandiosos. Existen.
Ha llegado el tiempo del cambio.
El tiempo en el que la mujer es mujer, cada una en su estela, sin etiquetas, sin copiar comportamientos de otros ni afanarse por parecerse a nadie, a ningún otro modelo.
No hay modelos. Se han desmoronado. Toca soltar lo heredado y aprender a ser. Hacernos libres e indómitas, poniendo nuestra vulnerabilidad y nuestra fortaleza por delante, a nuestro placer y grandeza de frente. Toca adueñarnos de nuestro poder.
Es tiempo de soltar roles y tomar nuestros lugares. De reconocernos y ser fieles a la esencia que vamos descubriendo, sin auto engaño y aunque a veces asuste, porque es rompedora. Y vamos a hacerlo sin idearios políticos de por medio, sin representar a colectivo alguno. Cada una encarnándose a sí misma. Soberanas.
Sin enfrentamiento. Con apertura. En cada movimiento, con cada decisión, en los silencios y con los gritos.
Las mujeres gritamos, sí, reímos a carcajadas, y también callamos y precisamos de quietud. No tenemos que pedir disculpas ni permiso por nada de ello. Anhelamos la creación y la calma, con nuestros temores y desde la valentía, tejiendo redes que posibilitan la intimidad más cálida y los espacios compartidos manifiestos.
Las mujeres queremos hablar de nuestros dolores y también de nuestros placeres. Queremos dejar a un lado los deberías para que todos nuestros deseos se acomoden en el escenario. Queremos dejarle todo el espacio al gozo de ser. Que cada célula se revele en completa y absoluta libertad, plenas de luz, de amor y dueñas de nuestra potestad.
Vamos a fundirnos en nuestro placer y a experimentar el gozo, la dicha y el éxtasis para el que hemos sido creadas. Vamos a irradiar la plenitud, el poder y la sabiduría que nos conforman. Vamos a crear, a creer, a cooperar y facilitar. A poner límites y a mirar de frente. A disfrutar, a aprender, a acompañar a crecer. Y vamos a hacerlo con alegría y prestancia, como sabemos, porque podemos, porque eso es lo que somos.
A las mujeres nos gustaría que nos acompañaseis los hombres, nuestros iguales. Que podáis también liberaros de los patrones manidos para que caminemos juntos. No queremos haceros de madres ni que seáis nuestros padres. Rechazamos el maltrato y la violencia y nos negamos a maltratar y a violentar.
Esos tiempos han caducado. La era de la concordia se impone y solo alcanzaremos la plenitud quienes estemos comprometidos con la aventura de despertar. Los demás continuarán rodando en una espiral de sufrimiento. Hasta para eso somos libres.
¿Tú qué elijes?

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