Trascendencia I

Abr 5, 2026

No sé si os ha pasado: en mi experiencia, con la muerte de un ser amado, se generaba en mí un silencio interior que de entrada me resultaba extraño, incómodo, incluso a veces atronador. Un silencio atronador, sí, aunque parezca contradictorio. Una vivencia interna de silencio aterradora, de un vacío abrumador, por momentos insostenible… O eso me parecía. Que no iba a poder aguantarlo, que me iba a volver loca, que me perdería a mí por el camino.

Pero, ¿quién soy yo?

Tras la primera vivencia impactante en este sentido recordé aquella novela de Murakami en la que el protagonista se adentra en un pozo profundo y oscuro. Justo ésa era mi sensación: la de haber caído, aunque no por elección propia en mi caso, en un hoyo hondo y negro donde no encontraba asidero alguno, no había nada, absolutamente nada. O eso creía.

¿Qué es la nada, el vacío, la vacuidad?

Resulta que a base de permanecer, porque escaparme era inviable, una certeza y cierto aprendizaje fueron emergiendo. Me di cuenta de que quedándome en ese espacio sin espacio, contactando con la vastedad de ese vacío, fui encontrando tesoros, o más bien fueron apareciendo: confianza, serenidad, gratitud, descanso, vulnerabilidad, admiración, grandeza, humildad, y sobre todo, por encima de todo, Amor, tanto Amor… Y hacían mi pozo más habitable.

¿De dónde salían, o es que siempre estuvieron ahí?

Estaban detrás de la gruesa capa de miedo e incomodidad que se erigía en medio. Y atravesarla no fue cualquier cosa ni me resultó fácil. A ratos supuso vivir inmersa en una auténtica pesadilla, una interminable de la que no había manera de despertar y que se extendía de la vigilia al sueño y vuelta a empezar.

¿Cuál es el sentido de la vida y qué papel juega el sufrimiento?

Vivir es una sucesión de momentos, hechos, encuentros… Muchos ajenos a nuestro control.

Vivir no es eterno, dura apenas un instante. Hay realidades dolorosas, otras placenteras. Es así.

Cuanto más me peleo con esa idea, cuanto más me resisto, mayor es el sufrimiento.

Cuanto más acepto, desidentificándome de mi historia personal, mayor paz y dicha experimento.

Entonces vislumbro, desde mi cada vez más cómodo asiento en la oscuridad, que soy y todo es una cosa y solo una: conciencia y vibración.

Puedo atesorar ese destello un instante y luego se me escapa, para volver a dolerme, a quejarme, a buscar el placer y evitar el sufrimiento…

Pero esa luz va apareciendo más y más a menudo, y aunque dure un reflejo, va generando un poso. Hay algo que permanece y se va asentando en mí sin q yo tenga que hacer nada para que suceda.

Entonces cada vez hay menos preguntas y van emergiendo las respuestas, y la serenidad se va convirtiendo en un aderezo interno constante.

Morirán otros seres queridos. Morirá este cuerpo mío y con él mi actual identidad. Dejaremos de existir en esta forma tangible y sin embargo seremos eternos.

Y sospecho que no haya dolor en esa línea de existencia, que tampoco exista el gozo. Que nada de lo que nos es humano tenga continuidad. Que seamos pura energía flotando, de nuevo, en un vacío de luz y oscuridad, infinito, inabarcable, vasto, eterno…

2 Comentarios

    • Gloria García Ordóñez

      Gracias, Ernesto 🙏🏼

      Responder

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