Es invierno. Hace frío. No estás en casa.
Me pongo tus calcetines gruesos para dormir porque la cama está helada al entrar. Son muy grandes para mí y los siento extraños envolviéndome las piernas, como hambrientas boas constrictor avanzando sigilosas. Suaves por dentro, sé que van a calentar mis pies en breve.
Suelo tener los pies fríos, pero cuando nos metemos en la cama juntos se caldean enseguida gracias a ti. Es tu calor. Yo sola no lo logro tan fácilmente.
A veces llevas puestos tus calcetines-boa y bajo el edredón te los quitas para ponérmelos a mí. Es como meter los pies en una cabaña de madera presidida por una chimenea llameante. Me parece un gesto precioso, una confirmación de amor y una demostración de cuidado. Veo tu generosidad y bondad en ese gesto. Luego me abrazas, y aunque tú no me ves porque la luz está ya apagada, yo sonrío, porque en ese preciso instante puedo sentirme feliz, plena, agradecida. Te abrazo fuerte de vuelta, poniendo en valor todas las perlas que hemos conquistado en nuestro cotidiano. Ésta es una de ellas.
Me gusta dormir desnuda. También en invierno. Es mucho más cómodo.
Si tú estás es perfecto. Al acostarnos nos acurrucamos y hacemos como que temblamos de frío. Sacudimos nuestros cuerpos, muy cerca el uno del otro, casi pegados, y hacemos ese sonido con la boca de ¡qué frío! ¡Está helada! Cinco minutos después hemos transformado la atmósfera por completo. Nuestra cama es la cabaña y el fuego late bajo el edredón.
Hoy no hay fuego. No todavía. Falta madera. O aire. Faltas tú. Eres la chispa que aviva la llama.
Yo puedo generar fuego sola. Sin ti. Sin nadie. Sin nada. Puedo calentar este hogar y a mí misma sin ayuda. Pero es más difícil, lleva más tiempo. It’s always better when we’re together. Lo dice Jack Johnson y lo decimos nosotros, desde el comienzo.
Ahora no estás, y cuando vuelvas seré yo la que me vaya. Tres días tú. Tres días yo.
Dormirás tú en nuestra cama y yo en una cama extraña que confío poder convertir en cabaña.
En mitad de este proceso de reinvención, de abrirnos a nuevos espacios, de soltarnos mutuamente un poco para ganar libertad y ampliar posibilidades, no nos abandonamos el uno al otro, nos recolocamos. No te quiero menos porque te vea menos. Te amo de una forma diferente. No te necesito. Quiero seguir creciendo contigo.
Porque tu calor se traduce en detalles que pueblan mi territorio de tranquilidad, confianza y descanso. Me gusta pensar que a ti te sucede algo parecido conmigo. Que no es costumbre o miedo lo que nos mantiene unidos sino el calor del amor compartido a lo largo de estos años el que nos invita a permanecer.
Aunque a veces es difícil, aunque nos juguemos la retirada y el contacto con torpeza, aunque hemos perdido algunos tesoros por el camino, también hemos hallado otros y tenemos hermosos proyectos de futuro juntos que siguen vigentes.
El amor, como el calor, como tú y como yo, no desaparece sino que se va transformando a medida que avanza. Como una criatura viva que sigue su impulso.
No sé si seguiremos juntos siempre. Sé que estamos aquí ahora este invierno. Y eso es lo único que existe.

0 comentarios