El lugar seguro

Mar 25, 2021

Todas nos merecemos y precisamos contar con un espacio de reposo, un lugar seguro en el que poder parar para descansar, para dejarnos estar, para pensar y para no pensar. Un lugar seguro en el que sentirnos cómodas, protegidas, a salvo del mundo y hasta de nosotras mismas. Un oasis de calma en el que dejarnos caer sin miedo a la soledad, al peligro o al vacío. Y visitarlo cada vez que nos sintamos perdidas, perseguidas, angustiadas. Y quedarnos allí el tiempo que necesitemos. Y tomar fuerzas. Y reponernos. Para volver a salir después.

Mi lugar seguro es cálido y oscuro, con una tenue luz dorada allá al fondo. Un nido mullido en el que me tumbo y que me acoge y envuelve. Cierro los ojos tranquila, satisfecha. Me estiro y encojo. Me retuerzo despacio. Disfruto de mis movimientos y quedo en quietud. Esbozo una sutil sonrisa. Sonrío por dentro. Estoy a salvo, en casa. Ningún peligro puede acecharme. Nadie puede acceder ni hacerme daño. Ni tan siquiera yo misma. Estar aquí es ser. Sin juicios ni expectativas. Disfrutando de esta presencia calma, sin boato, arropada y atravesada por la sensación de hogar. Estoy en mi hogar. Soy mi hogar. Me habito desde esa callada penumbra, tan calentita, tan agusto, tan feliz.

En mi lugar seguro me doy cuenta de que siempre soy suficiente, que el mundo no es un espacio hostil, solo un escenario en el que jugar, aprender y crecer. Mi lugar seguro es parte de ese mundo y a la vez está al margen. Puedo acceder a él cuando quiero y hacerlo es reconectarme a la fuente, a la verdad, a la vida. Nadie puede arrebatármelo ni violentar esa vivencia interna de hogar.

Con esa certeza y conociendo el camino de vuelta a casa soy capaz de volver al mundo cada vez; pase lo que pase ahí afuera, sé que siempre puedo volver a la calidez de mi hogar.

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