Ėxtasis

Ago 17, 2025

Existe una experiencia humana, para mí difícil de describir y muy clara de reconocer, una vivencia que surge de forma inesperada y que no atiende a una intencionalidad dirigida. No la puedo provocar a conciencia, no la controlo, no aflora porque me empeño en ella, sino que aparece de manera sorpresiva llenándolo todo, inundándome por dentro y desbordándome para dejarnos derramar, haciéndonos una con el Todo. Yo y la experiencia somos una. Somos Todo.

Me pregunto qué sucede para llegar a ese estado de dicha sin límites, cuáles son las circunstancias, y al pensarlo ya no sé distinguir entre condiciones previas que facilitan y consecuencias posteriores. ¿Son la presencia en el cuerpo, el flujo libre de energía vital y la apertura del corazón el previo o son el tesoro que emana como resultado?

Sí tengo muy claro que está vivencia de profundo gozo, de dicha infinita, de amor compasivo en acción, este estado de profunda felicidad y de plenitud pueden aflorar porque la mente se ha hecho a un lado hasta casi desaparecer. El pequeño yo, esa parte nuestra que identificamos como egoica, ha perdido fuerza, ha bajado su volumen hasta quedar en silencio, se ha relajado del todo para quitarse de enmedio y ahí, en ese espacio vacío que habilita con su retirada, es donde me sorprende la experiencia extática.

Y, de nuevo me pregunto, ¿es la ausencia de mente la circunstancia imprescindible o también una consecuencia?

No lo sé. Sospecho que es condición necesaria, eso que se nombra como disolución del ego y que por mucho tiempo yo escuchaba sin poder entender. Un momento de fusión absoluta con la totalidad donde yo ya no soy yo, ni soy mujer ni persona ni materia sino una con el universo entero, sin vivencia de separación, sin idea alguna de dualidad. Solo Unidad con Todo. Energía vibrando al unísono. Un solo Ser de dimensiones infinitas, inconmensurable, inabarcable.

Darme cuenta de esto, tener esta vivencia puede manifestarse a través de risa o de carcajadas y también en lágrimas de intensa dicha por sentir la divinidad que somos, tanta grandeza, la ilimitada belleza, el amor, la gratitud por ser, por existir, por estar viva en este preciso instante experimentando algo tan precioso.

A veces llega y se queda un instante, unos segundos. Otras, permanece durante unos minutos que parecen eternos. Siempre se desvanece, pero con cada acto de presencia deja un aroma que lo impregna todo y la certeza de que somos eso, que ése es el fin y el comienzo y la razón de todo, que puedo acceder porque soy eso, como lo eres tú y lo demás que existe.

Entonces puedo mirar los sucesos del cotidiano con mayor desapego y humor, restándole importancia. La aceptación se va asentando en mí, la confianza en la Vida reforzada, el Amor renovado y amplificado que ahora significa mucho más, abarca mucho más.

Es. Soy. Somos.

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