Qué sensación tan poderosa a veces la de sentirme contraída por dentro y qué necesidad tan grande, llegado un punto máximo de contracción que me resulta ya insostenible, de expandirme y soltar la tensión.
Porque la contracción genera tensión, o tal vez sucede que acumular tensión me deja contraída. No sé. En cualquier caso van de la mano y me dejan muy dolorida.
Toco la contracción con mis dedos, acaricio primero, encuentro el lugar exacto, luego palpo y aprieto con algo más de contundencia.
Toco la contracción para sentirla. La masajeo, respiro la molestia y el dolor y noto cómo después se deshace al contacto.
El contacto deshace las contracturas y me dejo sentir entonces cómo es vivir descontracturada, blanda, suave, libre, sin molestias, sin dolor, sin tensiones. Relajada, suelta, liviana.
Miro lo que me tensiona y aquello que me hace libre, la distancia y las diferencias. Miro los precios que pago en uno y en otro lugar y si me viene a cuenta.
Vivir contraída me sale caro. No me interesa.

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