Me abandono

Mar 23, 2025

A veces me entrego al desorden con toda la conciencia de la que soy capaz.

La casa por limpiar. Los platos sin fregar. Libros apilados sin leer. Verduras que se apagan en el cajón del frigorífico. Comida rápida. Tareas pendientes alargando mi lista. Despierta hasta muy tarde, hasta bien temprano, me privo del reposo que preciso…

Tal vez sea una forma de maltrato o solo un respiro, un descanso en ese empeño constante de procurar hacerlo bien.

Ya no me preocupa. No me machaco. Ni por dejarme ni por empeñarme. Puedo abrazar ahora cada expresión de mi ser sabiendo que todo es pasajero, que ya he pasado cien veces por cada estación sin haber permanecido en ninguna.

Si hay algo que anhelo dejar atrás para siempre son las expectativas, para ser libre, para dejar que el mundo entero lo sea. Cuando me apego a ellas y no se cumplen me invade la frustración, el desánimo, la decepción, el enfado, la melancolía, el sufrimiento… Es entonces cuando entro en ese espacio de caos y desorganización que, si me dejo en paz, me trae cierto alivio, una despreocupación necesaria, durante un rato, un par de días, y vuelta a empezar.

Cincuenta años de giros en espiral hacia dentro dan para conocer un poco las rutas, los escenarios y los obstáculos del camino. Ése que parece no tener fin y que no por familiar deja de resultarme tan fascinante como inmensamente bello.

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