Mi práctica cotidiana y mi meditación diaria.
Mi compromiso con la vida y mi manera de ubicarme en el mundo.
Mi motivación y mi razón de ser.
El sentido detrás de cada señal y la respuesta a todas mis preguntas.
La dirección y el camino.
El camino se camina a sí mismo.
Yo soy el camino.
Mi camino es estar en presencia, ser presencia y descansar en ella.
Eso es todo. No hay más.
A mi ego le gustaría más fanfarria, mayor parafernalia, algo con más brillo, más complejo o importante. Se queda frustrado. No hay nada de eso.
Descansar en la presencia que ya soy me coloca en la serenidad, la humildad y la plenitud.
Así soy libre. Y feliz.

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