Sacar a la luz

Sep 15, 2022

Hace ya tiempo que soy mayor de edad pero poco que me vengo sintiendo madura, como persona y como mujer.

Eso me supone ser capaz de adentrarme en lugares que antes me daban miedo. Ahora decido no postergarlo más y me adentro.

El miedo sigue presente, aunque ahora atenuado por lo que llevo vivido y por mi capacidad de confiar en mí, en la Vida y en su llamado.

¿A qué voy a esperar para vivir con plenitud si no? ¿Cuánto más voy a seguir reprimiendo mi impulso, mi intuición, mi deseo?

Sin pensarlo, me digo a mí misma en voz alta: «quiero que salga a la luz todo lo que permanece oculto. Todo.»

Le digo sí al miedo y a mi impulso. Le digo que sí a la Vida y me digo sí a mí misma. Una y otra vez. A veces tengo que esperar un poco para prepararme, y luego, voy.

Una vez dentro, desde la entrega, me doy cuenta que puedo permanecer, transitarlo y atravesarlo todo, llevándome conmigo el aprendizaje implícito.

Todo comienza siempre con una pequeña vibración que nace en mis caderas y se nutre de mis genitales y mi útero. Va creciendo, como una ola, y me recorre entera durante casi todo el tiempo, ayudándome a soltar y a atravesar el umbral.

Lo primero que he visto es al Padre y a la Madre, mirándome desde arriba con amor incondional, sin intervenir, confiando en mis capacidades y velando por mí desde la distancia. Me he sentido bendecida y capaz de emprender el viaje.

He visto el vaivén incesante de mi mente, moviéndose como loca de un asunto a otro, generando caos y desorden, agotada.

He visto cómo se agarra a los estímulos y que cuando se apaga o se agota uno, se engancha al siguiente (son infinitos) luchando por no quedarse en vacío, cuando el vacío es justo lo que precisa tocar.

Veo como cada asunto que aborda se hace mayor o se desvanece dependiendo de la atención que le otorgo, y cómo mi bienestar o mi malestar aumentan o se reducen según mi enfoque.

He visto el abuso y me he dolido horrorizada por las huellas de dolor, las heridas, las mentiras y laberintos creados solo para encubrir al abusador.

He visto que el abusador también fue antes abusado y que desde su inconsciencia elige seguir ciego y perpetuar el daño que le infringieron.

Me vi diciendo «basta» alto y fuerte, apretando los puños y sacando la voz de las entrañas. ¡Basta de abusos, se acabó!

He visto la Belleza en toda su extensión y he temblado de emoción ante ella, sintiendo la admiración, la sensibilidad y el amor más profundo.

He visto a mi fiera interna desplegando su fuerza y cómo saca colmillos y garras para defender y cuidar lo suyo: mi hombre, mi hogar, a mi clan. Soy casi invencible.

Vi mi esencia de mujer, hecha a imagen y semejanza de mi Gran Madre. Creativa, exuberante, próspera, fértil, abundante, sensual y sexual.

A una mujer que no se esconde ni se exhibe sino que se muestra tal cual es; sin arrogancia, con valentía; sin complejos, con verdad.

Una mujer hecha de curvas y suavidad, desde una fortaleza férrea que abraza y nutre, maestra del autocuidado y de cuidar.

Una mujer limpia de complejos, en paz con su ser, conectada al placer y al disfrute, al gozo y la alegría, respetuosa y sincera, genuina y sensible.

He visto a la Serpiente Sagrada sibilando en mi casa, mostrándome cómo es el movimiento de expresión y liberación, cómo se hace para dejar la piel atrás cuando llega el momento.

Vi mis raíces y mis alas, a la tribu y al fuego. Me vi perdida entre las olas y removida por el viento, asustada y resistiendo el embate.

Me he visto reposando descansada, sin exigirme acción alguna. Despojada de ropajes, con el pelo suelto, desnuda, tranquila, disfrutándome.

He visto un zoom de dimensiones colosales que iba desde el lunar de mi brazo a los confines del Universo para volver a posarse en los detalles de mi piel.

He sentido un amor sin límites que me explotaba en el pecho y he llorado de emoción por ser capaz de experimentarlo desde esta existencia tan terrenal como divina.

He visto que eso que llamamos realidad no es más real que lo que sueño, y que soñar me abre las puertas del mundo que no alcanzo en la realidad. Lo que sueño es bien real.

Vi la enfermedad de lo masculino y las dolencias del femenino. Al femenino regenerándose y asistiendo al masculino en su proceso de sanación.

He visto la podredumbre y la falsedad, el maltrato y la desvergüenza de la burocracia, la administración, las grandes corporaciones.

He sentido la irá recorriéndome, encendiendo mi ser, y he podido darle salida con contundencia y sin dañar.

He visto que la Vida no me exige sacrificios ni sobre esfuerzo, que no necesita nada de eso. Que la Vida está simplemente para ser vivida. Y no hay más. Vivir es sencillo.

He podido ver que todos venimos aquí a lo mismo: a recordar. A recordar lo que somos. A recordar Lo Que Es. El Amor.

He podido ver y sentir todo eso y mucho más desde mi incursión hacia la madriguera, y puedo recordarlo después para traerlo a mi cotidiano y que no se diluya.

Seguiré bajando cuando lo sienta, con respeto y apertura, dispuesta a ver cada vez más lejos y más profundo.

No voy a rendirme jamás. Es mi propósito.

(Imagen de Álvaro Parada, en El Jardín de Francisco Villalobos).

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