Para muchas personas el año comienza el 1 de enero, o en septiembre con el fin de las vacaciones de verano, y en esas fechas parece iniciarse todo de golpe. A mí me abruma esa sensación, tanta oferta, tanto propósito y proyectos.
Nací a principios de febrero, soy hija del invierno, tal vez por eso noto de manera muy orgánica que es entonces cuando empieza un nuevo ciclo para mí. Mi llegada a la vida es la que marca un nuevo principio. Puede que el nacimiento marque un estado biológico y energético asociado a la energía desplegada en esa época concreta. Puede ser…
El año pasado cumplí 50 en mitad de un momento vital de cambios internos y quise celebrarlo mucho, con gente querida, de distintas maneras, sin mezclarlas entre ellas y haciendo con cada quien lo que me gusta compartir con ellas. Fue una gozada. Disfruté mucho de cada encuentro. Fue lo mejor que pude haber hecho.
Este año, sin embargo, no quiero celebrar nada. O más bien, estoy en celebrarme y celebrar la vida y mi vida cada día.
Un rato al sol, un paseo por la playa, un vino en compañía, un concierto, un baño en el mar, una sauna o un encuentro con amigas, un masaje, una limpieza facial, un libro, un jersey hecho a mano, un viaje, descubrir un lugar, una cena en un restaurante nuevo o en uno de mis favoritos, unas danzas compartidas, danzar sola en casa, una ceremonia, un día haciendo nada, jugar con mis sobrinos, ver dos películas en un día, visitar un museo o una exposición, ver amanecer, ver atardecer, comprarme un ramo de flores, hornear un bizcocho o un pan en casa, apoltronarme en mi sofá, encontrarme con gente querida, abrazar y ser abrazada…
La lista sería infinita.
El verano pasado además hablaba con un hombre muy sabio a quien admiro de la cualidad del tiempo, de su paso, del hacernos mayores y del envejecimiento. Venía a decir que celebrar los cumpleaños confirma y refuerza esas creencias del tiempo lineal que avanza hacia un final y que en su transcurso vamos creciendo y luego perdiendo facultades hasta morir. Pero ¿y si no fuese así? ¿Y si el tiempo gira circular y cicla, como todo lo demás que nos rodea? ¿Y si atender a esta posibilidad nos ayuda a retrasar el envejecimiento o a hacernos mayores desde otra cualidad?
Yo misma me fascino ante esta probabilidad que mi mente racional no acaba de comprender, acostumbrada como está a los postulados tradicionales que por supuesto han condicionado mi visión. Pero ahora más que nunca estoy abierta a mirar de otra manera, a aceptar que otras realidades son viables e incluso más veraces. Que la Vida, el tiempo y la realidad son un Todo perfecto en constante movimiento a favor y que yo, a mi manera y desde donde estoy, hago parte de esa inteligencia creadora, y que por tanto ni yo ni nada de lo que aquí se manifiesta tiene fin ni principio.
Hoy es uno de febrero, aunque la fecha del calendario tampoco importa demasiado. El invierno está en su ecuador. La primavera va llamando ya a nuestra puerta. Feliz tránsito. Feliz nuevo ciclo.

0 comentarios