No hay que esforzarse.
No hace falta empeñarse.
Para lograr lo que sea
no es preciso afanarse
ni desvivirse.
La Vida nos trae en cada momento lo que hay para nosotras. Lo que pasa es que, a veces, no queremos eso que nos trae, queremos otra cosa, y entonces llega la lucha, el sobre esfuerzo, el ahínco. Pero no por ello conseguimos lo anhelado. No siempre. No necesariamente. Más aún si hay otras personas involucradas en eso que deseamos. Porque su deseo, a menudo, su visión, su necesidad, su anhelo, no coinciden con los nuestros, o lo hacen solo en parte. Entonces la lucha se intensifica y el dolor que nos generamos también hace lo propio. Para acabar más distanciadas, más solas y amargas.
No tenemos que esforzarnos
para estar juntos,
para vernos y compartirnos.
Solo hay que querer.
Querer es muy distinto a esforzarse.
Querer vernos,
querer estar juntos.
Es sencillo.
Querer no requiere de empeño.
Si no sucede
es porque no queremos.
Querer es sencillo.
No querer también lo es.
Hemos creado un clima basado en el esfuerzo y el logro como valores, con el éxito en la cúspide como motor. Una cultura de perseguir objetivos y alcanzar metas. Agotadora, porque no tiene fin. Porque va modelando criaturas insatisfechas, insaciables, inconformistas. La consecución de un anhelo trae solo un momento de regocijo y enseguida volvemos a la rueda porque el siguiente deseo ya está llamando a la puerta.
Vivir no es esforzarse
ni lograr cosas
una tras otra.
Vivir es estar presente
en cada momento
con lo que hay.
Vivir es aceptar.
Y en la aceptación hay paz.

Felicidades, muy certero, efectivamente la vida es mucho más fácil, somos nosotros los que nos empeñamos en complicarla.
¿Verdad que sí? Qué manera de complicarnos la existencia y qué cansado es estar enganchada en eso… A ver si consigo seguir soltando… Un abrazo, Juanma.