Navidad interior

Dic 28, 2025

Ya escribí una entrada el año pasado por estas fechas reflexionando sobre el sentido profundo y genuino que para mí entraña la Navidad, y aquellas reflexiones siguen igual de vigentes ahora, un año después.

Este año he decidido hacer ciertas modificaciones en mi manera de afrontar estas fechas, por lo general tan intensas y excesivas en nuestro contexto occidental y capitalista/consumista. A diferencia de la expansión y el gasto al que por costumbre y tradición estoy habituada, este año voy a probar a pivotar levemente hacia cierta austeridad y hacia el retiro.

Este movimiento, como cualquier movimiento en general y especialmente si impacta en el colectivo (en mi caso, pareja, familia y amistades) tiene sus implicaciones. Puede ser difícil de entender, puede molestar o generar controversia, puede vivirse como un ‘ataque’ a lo establecido, y por tanto, de entrada, incomoda.

Cuando una, yo misma, me planteo un cambio necesario a mi modo de ver y conforme a mi sentir que además no me incumbe solo a mí sino que involucra también a otros, entonces se puede generar cierto tsunami en las aguas compartidas.

Desde que venimos al mundo, enmarcados como sucede en un contexto geográfico, cultural, económico, social, político, religioso, familiar…. hacemos tanto por encajar para pertenecer (porque dejar de pertenecer es peligroso; desde una vivencia más visceral, nos conecta con la posibilidad de morir; en lo concreto y ya actualizado, supone enfrentarse a una posible retirada del cariño y por tanto a la soledad) que desapegarnos de ciertos hábitos y costumbres supone un reto para algunas de nosotras.

Para mí lo es en la mayoría de las ocasiones. Mi tendencia caracterial hacia las relaciones, mi necesidad de generar vínculos significativos juega tal vez y de cierta forma en mi contra. Nos construímos desde lo social, en comunidad, y en mi caso con un apego especialmente fuerte hacia quienes amo. Algo hermoso que tiene como parte ‘oscura’ la dependencia emocional y la dificultad para percibirme y sobre todo experimentarme separada del otro. Comp si al no estar el otro yo desapareciese o dejase de ser.

Al igual que en otros aspectos y situaciones, con la navidad he ido tocando a lo largo de los años con incomodidad y malestar. Lo habitual, lo acostumbrado ya no me caía tan bien. Y no es nada en contra de (el otro, la familia, la tradición…) sino algo a mi favor. La respuesta natural a una necesidad individual que me pedía ser atendida. Y cuando esto se da, solo podemos ignorar la llamada un tiempo, porque se va volviendo más y más insistente, hasta atronarnos los tímpanos o visitarnos en forma de síntomas físicos.

Me ha costado ir diciendo ‘no’ durante los últimos años en estas fechas tan señaladas para nuestro colectivo. Con cada negativa (a comprar, a regalar, a salir, a viajar, a comer…) me señalaba a mí misma como rara, distinta, extraña, desubicada… Y tal vez lo soy en parte, pero solo hacia el exterior. Porque internamente se juega otra partida, que es batalla al principio cuando me cuestiono y cuestiono mi necesidad. Luego el conflicto languidece y resulta en paz, gozo y bienestar.

Cuando valido lo que siento y me atiendo, confrontando el posible cuestionamiento y el malestar de mi entorno, entonces crezco y me acomodo mejor en mi piel.

Además me doy cuenta que ese miedo instintivo a dejar de pertenecer, a que no me quieran, es solo una fantasía. Tengo mi sitio por derecho y ese lugar es verdaderamente mío, nadie puede expulsarme ni arrebatármelo, y quienes me quieren lo hacen con todo lo que yo traigo, incluso cuando puede parecerles que mi posicionamiento atenta contra nuestras tradiciones o sencillamente porque me extrañan cuando no estoy o si no participo. Me extrañan porque me aman. Ahí se resuelve mi entuerto.

Así que, queriéndome yo más y mejor cada día y sabiéndome querida por mi gente, estas navidades voy a quedarme más conmigo y hacia dentro. Quiero leer, escribir, caminar, danzar, ver películas, comer poco, descansar mucho y estar en silencio. Quiero ver a menos gente y hablar menos, estar más en la escucha interna y en acompañarme a mí. No voy a abandonar a mis seres queridos y de ninguna manera voy a abandonarme a mí. Si hay un regalo que de verdad tiene algún valor para mí es la presencia amorosa. Para conmigo primero y desde ahí, una vez conquistada y asentada en mi reino interno, hacia afuera.

No hace falta gastar dinero ni desplazarse para hacernos y hacer este regalo tan valioso. Solo es precisa la consciencia. De ella nacen las ganas, el impulso y el entusiasmo. Con eso en el zurrón, el camino se hace solo.

2 Comentarios

  1. Juanma

    Precioso escrito y muy acertado en su fondo, felicidades, ojalá todos llegáramos a ser conscientes de lo que plasmas y probablemente nos iría mucho mejor en la vida.

    Responder
    • Gloria García Ordóñez

      Gracias, Juanma. Me alegra tenerte por aquí de vuelta, hacía tiempo de la última interacción. Deseo que puedas estar cuidándote en la medida posible durante estos días. ¡Abrazo!

      Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete

Para recibir mis publicaciones por email.