Las palabras y los sonidos cuando se entrelazan y encadenan crean infinitas posibilidades, expresiones todas con sentido y dirección.
Es inabarcable el abanico de probabilidades que pueden llegar a generar. Las combinaciones posibles no tienen fin. Las palabras, el lenguaje, la música… Empiezan y no acaban jamás.
Podemos escribirlas, plasmarlas en un soporte físico, podemos intentar asirlas de diferentes maneras pero serán siempre hijas del aire y por tanto, libres.
Se pueden registrar, recoger, clasificar. Es posible grabarlas, atesorarlas y publicarlas. Pero siempre serán aliento, soplo, espíritu, inspiración.
El aire es inasible y sin embargo está presente todo el tiempo, en todas partes. Lo ocupa todo, lo abraza todo, lo envuelve todo. Y a la vez deja espacio para lo demás.
Todo a su contacto se torna aire en parte. Todo se vuelve libre e infinito, pozo de todas las posibilidades. Ilimitado. Irrestricto.
El aire, las palabras, los sonidos y el silencio… ¿De qué está hecho el silencio? ¿Cuál es su materia? ¿Es también hijo del aire? ¿O es tal vez espacio?
Me dejo llevar y me pierdo jugando entre estos pensamientos que son ideas, que son imágenes, ensoñaciones, fantasías, visiones, sueños, iluminaciones, percepciones tal vez de realidades más sutiles e inteligencias más expandidas que la mía propia, tan concreta y acotada.
Me sé aire y como él me cuelo entre las rendijas de todo lo que me rodea y lo toco, oxigenándome, aligerando, ventilando.
Aire soy. Eterna. Libre. Inagotable.

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