Ángel

Mar 7, 2021

Eres un ser divino y perfecto. Venido de no sé qué espacio celestial para tocar mi vida con la magia de tu luz.

Amo tu dulzura, tu ternura, la suavidad de tu piel, de tu sedoso cabello, la pureza de tu mirada, tu inabarcable inocencia, la belleza de tu amplia sonrisa y tus carcajadas, las adoro. Amo hacerte reír y reírme contigo. Cuando esa magia sucede no existe nada ni nadie más en este universo. Sólo tú y la amplitud sonora de tu bella risa.

Amo verte jugar y jugar contigo. Inventarnos divertimentos sobre la marcha. Tomar uno, soltar el de antes, sin engancharnos a nada. Me fascina la frescura con la que te maravillas por algo nuevo y cómo durante unos instantes eternos ese algo es lo único, lo más fascinante que jamás hayas descubierto.

Amo tu voz, tus palabras, tus sonidos de animalillo salvaje. Amo la contundencia con la que gritas, con la que lloras, cómo pides lo que precisas, lo demandas, lo exiges, ya, sin excusas, sin esperas, sin apuros. Amo el entusiasmo y la urgencia con los que recibes y la satisfacción que muestras después, cuando vuelves a tu calma.

Eres alegría, felicidad, disfrute, curiosidad viva, presencia pura. Al despertarte, en el baño, paseando junto al mar, degustando comida a pedazos con las manos, dejándote sorprender con todo, confiando tanto en ti, en nosotros, en la vida.

Eres un maestro. Gracias.

Te voy a extrañar enormemente cuando te vayas…

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