Romperse

Feb 13, 2021

Romperse para poder ser.

¿Para qué iba a querer una rasgarse a sí misma a conciencia?

No se busca que así sea, pero sucede. Es consecuencia inevitable de transitar el camino: cansarse, perderse, caerse, herirse, desesperarse, sanarse y levantarse para seguir recorriéndolo. No queda otra. No existe otra manera de andarlo.

Por eso la persona que inicia el camino, de algún modo, es bien diferente a la que lo culmina. Recorrerlo la ha transformado para siempre.

Ya no puede volver a ciertos lugares o con ciertas gentes que antes frecuentaba para hacer ciertas cosas que ahora carecen de sentido para ella. No es desprecio ni arrogancia. Ahora es otra y ahí ya no encaja, se siente incómoda, que no pertenece, que no le apetece, que ya no le interesa o no le divierte. Que incluso le molesta o le hiere.

Ya no le valen tampoco ciertos ropajes ni aquel calzado, que ahora tiene que ser blando, flexible. O incluso inexistente. Para vivir descalza, más libre, con menos ataduras y estrecheces.

Así que romperse, aún sin buscarlo ni quererlo, aunque doloroso, la lleva a ser más ella.

Y paga un precio. Lo que queda atrás y que ya no encaja. Soltarlo. Dejarlo estar donde sea que se encuentre y seguir ella hacia su destino. Aunque no la comprendan, aunque la llamen rara, loca, intensa. Aunque se quede más sola y dejen de contar con ella.

Está perfecto así. Poco a poco se acostumbra a la nueva piel y a esa renovada forma de estar en el mundo. Y la comodidad aflora y llega su ritmo para quedarse.

Nada de esto sucede en dos días, ni en dos meses, ni en dos años. Es preciso poner mucha paciencia, confianza, amor, dedicación, entrega, silencio…

Romperse para limpiar, sanar, soltar lastre y hallar, por dentro de la dura cáscara, el suave fruto.

Cueste lo que cueste.

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